¿Vives en un hogar sano o en un hogar tóxico?

Nuestro hogar debería ser para cada uno de nosotros el mejor sitio en el mundo, el que siempre preferimos y al que siempre nos gusta regresar porque encontramos la paz y apoyo que necesitamos.

Pero sin duda conocerás a mucha gente que prefiere trabajar largas horas o busca cosas para hacer, con tal de no regresar a casa.

¿A qué se debe esta conducta?

La explicación es muy sencilla: abundan los hogares tóxicos, que generan malestar y nos convierten en personas más susceptibles y vulnerables a enfermar, tanto a nivel físico como psicológico. En realidad es un sitio donde nos sentimos mal y del cual, más que estar, deseamos huir.

Entornos mentalmente tóxicos


El concepto de “entornos mentales tóxicos” fue propuesto por Kalle Lasn.

Hace 30 años, se produjo un fuerte movimiento “verde”, derivado de la creciente preocupación por la toxicidad del medioambiente y la posibilidad cierta de ser la fuente de enfermedades y malestares.

Un grupo de psicólogos trasladó este concepto a la salud mental, analizando el cambio de nuestro estilo de vida en los últimos años y el incremento de los trastornos mentales.

En este aspecto, algunos datos son realmente preocupantes.

En los países occidentales más desarrollados, la esquizofrenia ha aumentado en un 45% desde 1985, según datos de la OMS. En el Reino Unido, la depresión en la adolescencia aumentó de un 6% a un 18% desde 1987. Encontrar personas ansiosas, estresadas o abrumadas por las circunstancias es algo rutinario.

Algunos psicólogos indican que estos problemas mentales tienen su causa en un cambio profundo a nivel cultural, reflejado en un estilo de vida marcado por el consumismo y la inmediatez, la falta de Inteligencia Emocional, un cambio marcado en la escala de valores y la creciente dificultad para mantener relaciones interpersonales saludables, así como los aspectos negativos del meteórico crecimiento del internet y las redes sociales.

La raíz

El hogar suelen ser el lugar donde todo comienza o donde se perpetúan esos comportamientos tóxicos.

Normalmente la convivencia genera conflictos de diverso tipo, pero no deberíamos permitir que ciertos comportamientos terminen haciendo que nuestro hogar se convierta en un entorno mentalmente tóxico, ya que es algo potencialmente mortal.

En un estudio realizado en el University College London, dieron seguimiento por 12 años a más de 10.000 personas. Los psicólogos descubrieron que quienes mantenían relaciones negativas tenían un mayor riesgo de sufrir ataques cardíacos con consecuencias mortales.

Esta es una pequeña lista de actitudes y hábitos que debemos desterrar de nuestro hogar, para que este no resulte tóxico.

1-Los gritos pueden comenzar siendo excepcionales, pero luego se convierten en la norma. Sucede sin que nos demos cuenta. Un día gritas porque crees que no te entienden, al día siguiente porque te parece que no te escuchan y al otro porque quieres tener la razón a toda costa. Así pasan a ser algo rutinario y transformarse en la forma “normal” de comunicación.

Sin embargo, los gritos esconden el germen de la violencia. Implican el deseo de imponer el poder y avasallar al otro.

Sus consecuencias para los niños son aún peores. Un estudio realizado en la Escuela de Medicina de Harvard reveló que los gritos pueden alterar de forma significativa y permanente la estructura del cerebro infantil afectando la integración entre las dos mitades del cerebro, lo que puede provocar problemas de personalidad y afectar su equilibrio emocional.

Este problema se soluciona con una norma muy sencilla: no gritar. Es importante cultivar la empatía y la asertividad y saber claramente que gritar no te da la razón, sino que son una muestra de la incapacidad para gestionar la situación.


2- Deja la hostilidad a un lado. Si entras en casa y sientes como si un peso cayera sobre tus hombros, es probable que allí se respire un ambiente de hostilidad. Hay hogares sin entusiasmo, donde las personas no se dedican una sonrisa sino que, al contrario, muestran actitudes hostiles y actúan como si los demás fueran sus adversarios. Prima la ley del más fuerte, por lo que es muy difícil encontrar reposo y tranquilidad.

Si el hogar se convierte en un campo de batalla, no hay ganadores, todos pierden porque se rompe el equilibrio. Es importante centrarse en solucionar los problemas, más que en buscar culpables.


3- El drama es otra característica de un hogar tóxico. Siempre puede haber momentos complicados, pero cuando el hogar se convierte en un drama de todos los días, la desesperanza, la frustración y la depresión no tardan en hacerse un lugar.

El dramatismo suele provenir de personas que siempre encuentran un problema para cada solución, se centran solo en los aspectos negativos de la vida y han hecho de las quejas su modo de vida. Esas personas terminan finalmente “contagiando” el hogar, haciendo que flote sobre el ambiente una bruma de pesimismo.

Adoptar una actitud positiva es la solución a este problema, ya que terminará siendo contagiosa y servirá para combatir las actitudes negativas de los demás. Es importante hacerle ver a esa persona, sin atacarla ni criticarla, que sus actitudes dañan a todos y crean un clima emocional muy negativo.

4- El caos es un gran enemigo de la paz mental. El espacio donde pasas varias horas al día termina influyendo en tu estado de ánimo y por eso, un espacio desorganizado y caótico puede terminar causando un caos mental, pasando a ser el hogar un espacio donde no es agradable estar y que genera estrés.

Al estar en entornos desorganizados y caóticos, a nuestro cerebro se le dificulta procesar la información, produciéndose una sensación de sobrecarga que afecta nuestra productividad y aumenta la ansiedad y el estrés.

Esa confusión no se refiere únicamente al espacio físico, sino también a la falta de reglas que garanticen una convivencia fluida entre los miembros del hogar. En todo hogar debe reinar el orden y existir normas de convivencia, aunque sean implícitas, de manera que cada quien conozca los límites que no debe traspasar.

5- La desvalorización es un componente casi obligado de los hogares tóxicos. Si en el hogar no se valora, aprecia y respeta a sus miembros, es muy difícil que estos logren desarrollar una buena autoestima y tengan la seguridad necesaria para afrontar la vida.

Existen muchas formas de desvalorización: desde no reconocer los esfuerzos de la persona hasta minimizar sus logros o pasarlos por alto.

En algunos hogares se crean dinámicas muy nocivas, en las uno de los miembros es etiquetado como la “oveja negra” de la familia disfuncional (el famoso chivo expiatorio). Estas dinámicas no solo son negativas para quien carga con las culpas, sino también para el resto de los miembros, ya que les impide asumir sus responsabilidades y madurar como personas.

Cada persona es única y la debemos valorar por ello. Debemos aprender a centrarnos en sus puntos fuertes y en lo que las hace especiales. Cada quien brilla con luz propia, debemos cerciorarnos de alimentar esa luz, no de apagarla.

6- La mala comunicación es un pesado lastre de los hogares tóxicos. La correcta expresión de los sentimientos y las necesidades, escuchar las necesidades de los hijos o ser claros al exponer los motivos de las reglas familiares, influyen en el clima que puede vivirse en una familia. La mala comunicación no solo crea conflictos, sino que dificulta la solución de éstos.

7-El exceso de control por parte de los padres provoca problemas serios para los hijos y dificultan la relación con la pareja. El estilo de crianza controlador emplea reglas muy estrictas en la familia, fomentando la obediencia y disminuyendo el bienestar de los miembros. Suelen ser padres que infunden miedo a los demás miembros de la familia para ser obedecido.

Si percibes que en tu hogar se manifiestan estas características, realiza las correcciones necesarias. Si es necesario, consulta con un profesional.


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