A veces uno sabe que se va a estrellar y en lugar de frenar, acelera

Si bien, al leer la frase del título, podemos inmediatamente sentirnos un poco identificados. También tal vez podemos pensar que esto parece más una demostración de masoquismo, que de valentía. Aunque si es que lo intentamos, quiere decir que en alguna parte de nuestro ser, pudimos encontrar esa sensación que nos motiva a hacer las cosas, que nos hace sentir que a pesar de que sabemos que las consecuencias nos pueden hacer sufrir, de todas maneras queremos intentarlo. Lo anterior, si bien no es valentía en sí misma, ¿puede contar como un tipo de valentía?

En algunas ocasiones, podemos ver que ciertas situaciones o personas tienen indicios claros de que probablemente hay una alta posibilidad de que podamos salir accidentados de la situación. Sin embargo, cuando sentimos en nuestro interior que de todas maneras deberíamos arriesgarnos, que podríamos correr el riesgo, a este sentimiento le podemos llamar “esperanza”.

Todos tenemos distintas maneras de enfrentar los riesgos, algunos los enfrentan con un sentimiento de optimismo, pensando en que todo les va a salir bien y otros, tienden a tener un sentimiento de pesimismo, mediante el cual, piensan que las cosas no van a salir bien.

Al respecto, independientemente de si somos más optimistas o pesimistas, de igual manera, ambos tomaron la decisión de seguir adelante con los planes, a pesar que de que uno observa que lo más probable es salir lastimado y que el otro cree que lo más probable es que todo salga muy bien. ¿Por qué pasa esto? En general, se puede explicar por la potencia que tiene en el cerebro, la imagen de un futuro positivo, el cual puede imaginarse en cuanto a la consecuencia final de la decisión, lo cual genera en nosotros un estado de esperanza.

La esperanza se puede vincular con la capacidad que tenemos para aumentarle valor a lo subjetivo, con respecto a lo que estamos viendo, que es concreto y tangible.

Al respecto se puede concluir que en ciertas ocasiones no importa cuántos indicadores podamos percibir que nos confirmen y re-confirmen de que los resultados no nos serán favorables. Si es que sentimos en nuestras entrañas la necesidad de apostar, aún sabiendo lo probable que es que perdamos, entonces probablemente nos entreguemos al juego.

Ahora queremos hablar de cómo influye lo que podemos sentir o pensar, en cuanto a los resultados que podamos obtener. ¿Te ha pasado que esperas obtener un resultado en específico? Pero sin embargo, en tu interior piensas que lo más probable es que pase todo lo contrario. Es decir, quieres que pase algo, pero estás infinitamente convencido de que va a pasar lo contrario.


Por lo general, los pensamientos que tenemos en cuanto al miedo, son muy intensos y nos pueden invadir con facilidad. Entonces éstos a nivel inconsciente pueden influir en nuestras decisiones y en nuestras acciones. E incluso, puede ser que en algunos casos, no nos demos cuenta cómo influimos en las situaciones y sin querer hacemos que suceda lo que más no queríamos que pasara. Frente a lo cual, es posible que terminemos concluyendo que deberíamos haberle hecho caso a la razón.

Mirándolo desde otro punto de vista, el quedarse con la duda de ¿qué hubiese pasado si…? Tampoco es mejor. También se puede considerar como un tipo de arrepentimiento o de dolor.

En contraposición, a lo anterior, para los que sí lo intentaron, tienen el consuelo de que probablemente en algún minuto fueron felices, así que por lo tanto, pueden sentir de que sí valió la pena.


Dentro de nuestra parte emocional, existe una parte de nosotros quiere seguir nuestros instintos, quiere ir tras nuestros sueños más locos, quiere que no pensemos en las consecuencias, que ignoremos que podemos terminar sufriendo.

En cuanto a nuestra parte racional, nos apoya con argumentos como que siempre debemos de tener en cuenta que todo lo que vivamos nos va a servir de experiencia y que probablemente la próxima vez que lo intentemos, podamos protegernos y salir ilesos.


Todo lo anterior tiene que ver con cómo queremos vivir nuestra vida. Si pensamos que la vida es para terminar diciendo: Ufff fue una TREMENDA experiencia, pude experimentar todo al máximo, hice, deshice, corrí, me caí, me volví a parar, me estrellé, me paré de nuevo, me divertí, estuve con mi familia, con mis amigos, pude trabajar, pude saber lo que es la pobreza, la riqueza, pude saber lo que es la perdida, pude comprobar lo fuerte que fui a pesar de lo duras que fueran las circunstancias, me pude enamorar, sufrí por amor, etc. Ahora tengo la sensación de que no dejé nada por fuera, pude hacer todo lo que la vida me dio la oportunidad de hacer.

La vida puede ser mirada como estar en una heladería, en donde hay diferentes tipos de helados. Hay personas que cada vez que van, prueban un helado diferente, y hay otras personas que no se aburren de comer siempre el mismo helado y lo pueden disfrutar como si fuera la primera vez. Éstas últimas tienen la capacidad de ignorar por completo todo el resto de opciones que existen dentro de la gama. En cambio, los primeros, tienen la capacidad de haberlos elegido todos y luego de eso, tienen claridad de cuál se comerían para siempre, cuál les gustó, cual no les gustó, cuáles le parecieron insípidos, etc.

Bueno, sea como sea que decidas vivir tu vida, siempre puedes ir cambiando de idea y puedes ir probando el estilo que se acomoda más a ti.


Es parte del riesgo el hecho de que puedas acelerar y estrellarte, que puedas intentar algo y equivocarte, pero piensa que al menos tienes toda la seguridad de que estuviste equivocado y que no te quedaste con la duda sobre lo que podría haber pasado.

Debido a todo el argumento anterior, es importante que te animes a probar diferentes experiencias y a tomar tus propias decisiones, ya que si es que no lo intentas, no tienes cómo saber cuál es el desenlace y puede ser que sea uno muy bueno, que ni siquiera imaginas.


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