Una infidelidad nunca es inofensiva, estas son sus devastadoras consecuencias

La última en defender dicha idea es la escritora Kate Figes, que tras una investigación de tres años ha escrito Our Cheating Hearts: Love and Loyalty, Lust and Lies (Virago) que analiza el fenómeno, desde el punto de vista de la psicología, la sociología y otro tipo de investigaciones. los resultados de una infidelidad conyugal son mucho más devastadores de lo que podemos sospechar

A lo largo del libro, Figes expone unos cuantos de los hallazgos que ha descubierto a lo largo de su investigación. Por ejemplo, que muchos de los infieles sienten el deseo de ser descubiertos cuanto antes para poner fin a su estresante situación.

Los niños lo saben todo

El principal problema, señala la autora, es que los niños descendientes de padres infieles, cuando crecen, no piensan únicamente que sus padres fueron deshonestos con sus parejas, sino también con ellos mismos. Ello suele dar lugar a problemas de autoestima, comportamiento asocial o diversas conductas derivadas de la sensación de abandono por parte de su padre. Todos estos problemas no se dejan notar únicamente en el corto plazo, sino también en el largo, por ejemplo, en su manera de amar a los demás o de mantener una relación a largo plazo.

Existen dos estudios realizados a lo largo de un cuarto de siglo que refrendan dicha idea sobre lo que Figes denomina el “gen de la infidelidad” y que fueron realizados por Judith Wallerstein. La psicóloga indica que la mayor parte de efectos de una infidelidad no se perciben en su totalidad durante la infancia y la adolescencia, como la mayor parte de la gente piensa, sino que estos son más visibles con el paso del tiempo y alcanza su cénit durante la edad adulta.
Debido a que fueron traicionados en el pasado, los descendientes de infieles sienten que eso mismo puede volver a ocurrir, por lo que sus relaciones amorosas están marcadas por la incertidumbre. Wallerstein señala la diferencia que existe con aquellas personas que simplemente han perdido a su padre, y que no presentan los mismos comportamientos. Los hijos de parejas donde se ha cometido una infidelidad están más inclinados a hacer lo mismo.


Figes propone una serie de estrategias para aliviar esta situación. En primer lugar, evitar que las discusiones de la pareja sean violentas o atenten contra la dignidad de la otra persona.
En segundo lugar, recordar que el niño no puede ser el campo de batalla en el que se disputan los problemas de la pareja, sino que los padres deben permanecer siempre unidos en lo que respecta a sus hijos. Por último, hay que evitar que los sentimientos negativos afloren delante de los niños. Lo importante es la confianza de estos, por lo que hay que vigilar en todo momento que no vean heridos sus sentimientos.

La amante también sufre la infidelidad

¿Dónde queda la dignidad de la amante? ¿Sentirá pena por ella misma o vergüenza por haber sido tan inocente al creerse las mentiras y promesas del hombre casado de que iba a dejar a su esposa e iniciar una familia con ella? ¿Sentirá dolor al darse cuenta que el amante, utilizo sus brazos como refugio y escape de la rutina de su hogar? ¿Sentirá lastimada su valor de mujer, al aceptar que, que su amante, el hombre que pensó seria su pareja, ha estado teniendo relaciones íntimas con ella, y también con su esposa? Muchas veces viéndola solo como un mero objeto sexual para satisfacer sus instintos, pocas veces nos ponemos a pensar en la amante, esa que se podría considerar es la persona mala de la historia.

De hecho puede que las amantes de alguien que tiene pareja necesiten más la ayuda especializada que les indique como salir adelante en este proceso que saben no es bueno, y puedan identificar que las incita a involucrarse en relaciones que la degradan, pues la persona que dicen amar no podrá estar a su lado como quisieran, siempre se van a tener que esconder de los demás, así que necesitan terapia para poder superar estas conductas destructivas.


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