Un niño requiere de 12 abrazos al día para favorecer su desarrollo

Los abrazos proporcionan efecto de seguridad.

Los chicos requieren seguridad, percibir que no están solitarios y que no serán desamparados. Seguramente has sentido el rechazo del niño cuando se ha quedado por primera vez en la escuela o en la casa de algún familiar.

Ese rechazo corresponde a la inseguridad que siente al permanecer en un sitio solo sin volver a ver a un familiar, especialmente a sus papás. Proporcionar un abrazo fuerte al infante antes de marchar y luego al retornar, le hace razonar que no es un abandono. Los abrazos les permiten a los niños que confíen más en que sus padres que regresan pronto.

Los abrazos liberan dopamina

Los abrazos liberan un neurotransmisor que es un mensajero químico del cerebro llamado dopamina, que ejerce un gran poder de alivio contra el estrés. Al liberarse se cumplen muchas funciones en el cerebro, como la regulación del sueño, del humor, la atención y el aprendizaje. La dopamina también se le conoce como la ‘hormona del placer’. Además está relacionada con la creatividad y la capacidad de relacionarse o sociabilizar con los demás.

Los abrazos producen oxitocina

Una de las hormonas que entra en juego mediante los abrazos es la oxitocina, esta hormona tan importante durante el parto y nacimiento de un bebé se libera tan solo con la voz de la madre sin necesidad de contacto físico. Lo cierto es que el abrazo y la voz de una madre hacia su hijo ayudan a desarrollar la confianza y a reducir el miedo social y el estrés de los niños.

La oxitocina se la conoce como ‘la hormona del amor’. Responsable de generar confianza hacia una persona, aumentando al tiempo su generosidad y capacidad de empatía.


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