Un abrazo en el momento preciso simplemente es impagable

Cuando un ser querido nos da un abrazo nos ayuda a liberar oxitocina, y de esta manera nos sentimos mejor, es tan provechoso un abrazo para quien lo da como para quien lo recibe.

Existen pocas cosas que reconforten más que un abrazo. Son tan mágicos estos gestos que sanan, calman las inquietudes y extinguen esos miedos que nos hacen frágiles y extraños en nuestra propia identidad.

Puede resultar curioso pero nuestro cerebro, está programado para conectar con las personas, para fundar vínculos que nos garanticen el poder sobrevivir, aceptarnos como seres competentes, seguros y merecedores de dar y recibir prosperidad.

Cuando existe esa falta de caricias emocionales en nuestros entorno cotidianos, si nadie nos toca, nos abraza o nos dice aquello de “estoy aquí, a tu lado, te quiero, esto genera que algo en nosotros se apague poco a poco.

La neurociencia nos explica que ningún niño se desarrollará de forma óptima si no es alimentado con muestras de afecto, si no se reaniman sus lágrimas, si no se siente amado y protegido.

Con el transcurrir del tiempo crecemos, nos vamos vistiendo con esa armadura en el que nos convencemos a nosotros mismos que somos fuertes e inmunes, que podemos con todo, nos cerramos tanto que pocas cosas llegan a afectarnos.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"