Tú, y nadie más, debes ser la razón de tu felicidad! Te contamos por qué.

Es muy usual en toda relación que esa persona se convierta en el motivo de nuestra felicidad, se convierte en el centro de nuestras vidas. Edificamos junto a alguien, por el camino más corto, aquello que nos hace invencibles y pareciera que jamás pereceremos en la búsqueda infinita de la felicidad.



El amor que hemos aprendido a sentir desde niños por nuestros familiares también se convierte en una importante parte de ese todo como también el entorno que nosotros mismos escogimos para compartir los caminos de la vida: los amigos a quienes aprendemos a amar como hermanos.  Aunque nos encontremos en la encrucijada de seguir las consignas de todos ellos o seguir nuestro instinto, aun así, somos los dueños de nuestro propio destino, nadie puede vivir por nosotros.

Las decisiones complejas: un camino sinuoso

“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida, porque nunca me diste, ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida, porque veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino”. Amado Nervo, no pudo haberse expresado mejor en estos versos que hoy nos sirven para explicar con sus sencillas palabras, aquello que nos preocupa a la hora de tomar las decisiones complejas en el largo camino de la vida. No es fácil, cuando nos encontramos ante situaciones adversas, escoger el camino o la respuesta más apropiada. Nos encontramos siempre expuestos al entorno, a lo que los demás opinen de lo que nos está ocurriendo.

Es verdad que las situaciones que acaban por superar nuestra capacidad de resistencia nos dominan y en ese juego de dominación decaemos profundamente y no nos queda más opción que apoyarnos en las personas que amamos, esas que están a nuestro lado siempre y que nunca van a abandonarnos.

Siempre será importante recurrir al sostén de la familia y también de los amigos más queridos. Ellos ocupan un papel sumamente importante en nuestra vida. Pero debes tener en cuenta de que solamente tú conoces a fondo y a cabalidad la circunstancia que sea que estés atravesando. En este contexto entonces, tú tendrás la última palabra, sobre todo, nadie podrá decidir por ti. Una cosa será pedir consejo, pero otra muy distinta es dejar que los demás decidan por ti cuando tú interiormente sabes lo que es mejor.

También es cierto que, las personas pasan, vienen y se van, así la familia, los amigos, la pareja, no estaremos eternamente al lado de alguien, pues somos seres efímeros sobre la tierra, por lo tanto, debemos aprender a valernos por nuestro propio esfuerzo. Nunca está demás contar con un sostén, pero tenemos que aprender a ser lo suficientemente fuertes para asumir las responsabilidades por nuestra cuenta.

Discernir, finalmente, una decisión a solas

Compartimos nuestros problemas, siempre en primer lugar. Pareciera que las grandes madejas que se nos arman se agrandan y son muy difíciles de desenredar en un proceso a solas. Encontrar la manera de hacerlo suele ser a menudo una tarea para la cual necesitamos pedir ayuda. Sin embargo, en otros momentos, nos sentimos con la necesidad de tomar las riendas de nuestras vidas por nuestra propia cuenta, ya lo hemos pensado, hemos analizado todas las aristas de la situación y hemos llegado a una conclusión por nosotros mismos sin intervención de los demás. Por ejemplo, decidir una carrera, ir a vivir a otro país, separarse, casarse. Son decisiones que solo en el fondo de nuestros intereses y de la circunstancia en que nos encontramos, sabemos cuál es la correcta.

Todos opinarán, siempre van a intervenir. ¿Quieres realmente alcanzar aquello que te has propuesto? Escucha la opinión de los demás, no para seguir a raja tabla lo que los demás quisieran de ti, sino para tomarlo como punto de referencia, pero al final de cuentas, solamente tú tendrás la capacidad de tomar la decisión final según tu criterio, solo tú tienes la clave.

La llave de la felicidad está en tu propia capacidad de tomar las decisiones que creas convenientes para tu vida. Si haces solamente lo que los demás deseen, no será lo que tú quisieras, sino que estarás cumpliendo con lo que los demás esperan de ti, pero debes plantearte si eso es lo que te hace realmente feliz. Aunque amemos profundamente a las personas que intervienen en nuestra vida, nosotros, al fin y al cabo, a la hora de tomar el timón de nuestras vidas, solo nos tendremos a nosotros mismos. Si sobrevienen los errores, entonces, deberemos estar preparados para aprender de cada uno de ellos.



Busca tu camino, construye tu destino sobre el cimiento fresco de lo mucho que has debatido sobre los asuntos cruciales y determinantes de tu vida, pero sé tú responsable directamente de tus actos. Que nadie más pueda hacerse cargo del camino que has elegido para alcanza todo aquello que te hará realmente feliz. Todas las decisiones estarán siempre en ti. Luego de escuchar opiniones, pon en funcionamiento tu capacidad de reflexión y finalmente, has el ejercicio de aprender a escuchar tu corazón. Deja siempre que él tenga la última palabra.

 


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