Tres falsas realidades que se parecen mucho al amor, pero no lo son

Hay muchas realidades que parecen amor, pero no lo son. Se trata de situaciones que dan origen a vínculos estrechos y, por lo general, muy duraderos. En el fondo no hay afecto real, sino un conjunto de limitaciones o problemáticas que sustentan el lazo.

El amor genuino se caracteriza porque alimenta el crecimiento mutuo. Implica generosidad y libertad. Es más real cuanto más promueva la autonomía de los involucrados. Esto incluye todas las formas de amor: de madre o padre, de pareja, etc.

“No hay disfraz que pueda ocultar largo tiempo al amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay”. -François de la Rochefoucauld-

A veces el verdadero afecto se confunde con otras realidades que parecen amor, sin serlo. Estas realidades suelen involucrar sentimientos muy intensos. Se experimentan desde el fondo del alma, pero muchas veces excluyen el respeto y una verdadera valoración del otro.

Nacen de deseos o necesidades egoístas y se mantienen por los beneficios que producen. Estas son algunas de ellas:

Sobreprotección, una de las realidades que parecen amor
La sobreprotección es una de esas realidades que parecen amor, pero que no lo es, por mucho que dicha actitud parta de él. Se trata de una modalidad de comportamiento que se da sobre todo entre padres e hijos.


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