Trabajar en una relación… ¿qué, cuándo y cómo?

Todos tenemos la posibilidad de trabajar y luchar por la vida que queremos tener, no tenemos por qué quedarnos o conformarnos “con la que nos tocó en suerte”.

Si bien este concepto es muy aceptado, no lo es tanto cuando se habla de la vida afectiva. Hay muchísimas personas que piensan que en ese aspecto solo se debe aceptar los dictados del amor y que las relaciones establecidas son como son. En el peor de los casos, cuando la relación comienza a tener problemas, se toman medidas que tratan de solucionar el problema. Pero ¿esto será lo correcto? ¿Esperar que haya problemas para solucionarlos?

Bomberos

Muchas veces tendemos a valorar lo que tenemos solo cuando está en peligro o directamente cuando lo perdimos.

Por ejemplo, es casi normal que no cuidemos de nuestra salud. Hacemos cosas que directamente la dañan: comemos y bebemos en exceso, dormimos pocas horas, no realizamos los chequeos correspondientes y si tenemos algún dolor, tratamos de solucionarlo rápidamente con un medicamento comprado en la farmacia.

Si los síntomas persisten y ya son insoportables sí tratamos la enfermedad, yendo al médico. Si es algo leve, nuestro cuerpo responde bien al tratamiento y los síntomas disminuyen su intensidad, volvemos a las prácticas de siempre.

Algo similar ocurre en el campo del amor: pensamos en “trabajar en la relación” solo cuando hemos llegado a un límite y estamos ya en medio de una “crisis” que la pone en riesgo.

No son pocos los casos en que, “solucionado” de alguna manera el inconveniente, volvamos a las normas de conducta que causaron el problema, reiniciando el ciclo una y otra vez.

Confundimos la resolución de la crisis, algo parecido al trabajo de un bombero al apagar un incendio, con el “trabajo en la relación”.

La forma correcta

Muchas veces no podemos elegir las circunstancias que nos toca vivir: nacimos en una familia determinada, con unas características específicas. Luego ocurren imponderables: accidentes o enfermedades, que no están dentro de nuestro control.

Pero lo que sí podemos modificar es nuestra manera de actuar ante las adversidades. Para cambiar el rumbo de las cosas, es necesario hacer un esfuerzo. Así como en la física existe la inercia, también existe en nuestra vida y muchas veces tenemos que esforzarnos en grande para actuar en el plano laboral, profesional, laboral, personal e incluso afectivo.

Las relaciones tienen una forma de funcionamiento establecida, según quienes las forman, su historia personal, su historia en pareja, el momento de la relación y las circunstancias que las rodean. Por lo general, estamos convencidos de que es “normal” que las relaciones entren en la monotonía y el aburrimiento, que nos distanciemos poco a poco de nuestra pareja, que la frecuencia, la calidad y la intensidad de los encuentros sexuales disminuyan. Ni siquiera nos cuestionamos cuando eso ocurre.

Hasta puede ser que sintamos un genuino afecto por nuestra pareja y valoremos la relación, pero una especie de “fatalidad” nos invade. Sin embargo, si queremos, es posible corregir el rumbo. Es necesario hacer un esfuerzo para corregir el camino por el que está yendo la relación, pero es posible ponerse a “trabajar en la relación”, sin esperar a que todo empeore y estalle una crisis.

Si estás en esta situación y no sabes por dónde comenzar, estos son algunos consejos que te pueden resultar extremadamente útiles.

El primer paso es una charla con tu pareja, plantéale lo que sientes y si está dispuesta a hacer una evaluación. Esto debe ser un trabajo en conjunto para que de resultado.

La segunda parte del trabajo es a solas. Cada uno debe analizarse a profundidad y sinceramente y responder las siguientes preguntas: en la situación actual ¿qué tanto tienes tú que ver? ¿Cuáles de tus actitudes pudo llevar la relación a este estado? ¿Estás mucho tiempo fuera de casa, trabajando o en otras actividades? ¿Estás pendiente de las actividades de tu pareja, cómo le va en su trabajo y cómo se siente con él? ¿Propicias momentos de encuentro entre ustedes dos? ¿Descargas en tu relación negatividades externas pero que influyen dentro de tu casa? ¿Repites ahora las actitudes que has tenido antes y que te llevaron al fracaso? ¿Le haces a tu pareja cosas que no te gusta que ella te haga a ti? Anota todo lo que se te ocurra.

Sigan trabajando a solas. Ahora, analicen a su pareja. Cada uno debe anotar cómo se conocieron y por qué se enamoraron. Recuerden específicamente qué detalles le impactaron del otro y les impulsaron a acercarse. ¿Siguen esos elementos presentes? ¿Han surgido otros nuevos que los atraigan?

En este tercer punto, deben hacer una lista de las cosas que les molestan en su relación actual. Al anotarlas, les servirá para delimitarlas y expresarlas. No importa si son dos, tres o diez, anótenlas todas. Tómense un respiro, puede ser de unas horas o de un día. Vuelvan a leer la lista, siempre por separado:  ¿Les parecen elementos suficientemente válidos? ¿Hay alguno que al leerlos parecen muy tontos o muy poca cosa? Si es así, háganle una señal al costado.

Siguen trabajando cada uno por su lado: comparen ambas listas, la de cosas que les enamoraron y la de molestias. Ahora deben compararlas.

Ahora viene la parte que puede resultar más difícil: el momento de volver a hablar, en un lugar tranquilo y con la suficiente tranquilidad. Apaguen los celulares, en este momento no hay nada más importante, lo que dialoguen puede definir el rumbo de sus vidas futuras y de su felicidad. Muéstrense mutuamente la lista, hablen sobre las conclusiones de cada uno.

Esta parte del trabajo requiere disposición, compromiso y valor de parte de ambos, porque hablarán de temas muy sensibles. Lo importante es mantener la calma y no hacer recriminaciones ni acusaciones: se buscan soluciones, no culpables.

Si concluyen que el amor que los unió sigue presente, deben pasar a definir cómo harán para salvar la relación de forma que sea productiva y provechosa para ambos.

Esta no será una charla fácil y quizás se divida en más de una vez, pero lo que debe resultar de ella es nada menos qué les molesta de la relación, cuáles son las cosas que desean cambiar y responder sinceramente si desean hacerlo, en forma madura y responsable. Pónganse metas parciales y hagan un plan para revivir la magia de la relación: salidas a solas, paseos, actividades en común. La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina: dar esa vuelta puede ser muy difícil, pero indudablemente vale la pena.


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