Todo amor tiene un límite, y ese límite se llama dignidad.

Por su amor la mayoría haría cualquier cosa, por saber que la otra persona está feliz y bien, y eso también nos hace sentirnos felices y gratificados.

Sin embargo, no siempre recordamos que dentro de una relación, independientemente de su naturaleza, los actores son más de uno y cada uno desempeña el mismo papel y tiene la misma importancia que el otro.

A menudo, y en especial aquellos de nosotros, los que tenemos un corazon dadivoso, olvidamos que en el amor hay una línea muy delgada, imperceptible para el ojo humano, pero siempre está ahí, es decir, la consideración de uno mismo y especialmente la propia dignidad.

Para dar importancia al otro y mantenerlos siempre cerca, en ocasiones uno deja de lado el incluso el amor propio ( que es el primer y último amor, en definitiva) y se olvida de dar el valor correcto que tiene uno mismo. Pero el amor real de pareja no es esto y uno nunca debe sacrificar su propia dignidad por alguien más.

Si no eres el primero en respetarte y amarte a ti mismo, nadie más lo hará, así de simple! a menos que estés involucrado en una relación desequilibrada e insalubre.


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