¿Te estás separando? Es importante que tus hijos no sufran. Te damos 8 consejos para que esto no suceda

El principio de todo fue el amor y la actitud ante tus hijos debe ser siempre esa punta de ovillo: el amor. Todo proceso de separación trae consigo una sucesión de dificultades para la pareja y para los hijos. No será fácil, 1. . Que tu dolorosa experiencia no sea traumática. Puedes hacer que este camino sea más llevadero. Te contamos ocho consejos para lograrlo.

1. No les hables mal de tu ex

Cuando te invadan las ganas de hablar mal de él evita hacerlo delante de tus hijos. Recurre a quien puedas confiarle cómo te sientes, pero que nunca sean los niños. El problema que tienes es con él y no con los niños, quienes no deben ser parte  de tu experiencia negativa. No precisan saber tus razones, solo necesitan del cariño de ambos, de ti, madre, y del padre, tu ex,  y que será su padre toda la vida.

Qué tentador es hacerlo. Tu matrimonio no funcionó. Puede que te sientas muy decepcionada, pero tú eres el adulto aquí. El sentido del respeto a los padres es fundamental, los ayuda a respetar a su entorno también.

¿Qué hacemos cuando nos hablan mal de quienes amamos? Los defendemos. Pues sí, hablar mal del padre moviliza la confianza de los hijos. Puede que ellos empiecen a pelear contigo.

2. Que tu hijo no asuma el rol de mensajero

Permite que tu hijo ocupe el mismo rol dentro del seno de la familia que siempre tuvo: de hijo. Abres la brecha de la vulnerabilidad en sus vidas con mensajes como “dile a tu padre que no hay que comer”. Debes entender que al padre no le afectará lo que le mandas decir como sí a tu hijo a quien lastimarás con cada palabra hiriente que pronuncies contra el padre.

El trabajo de los padres es proteger al niño y no colocarlo a mitad del campo de batalla, que las balas irán directas a él.

Busca un método para comunicarte con su padre, ya sea por teléfono, mensajes, mails y algunos prefieren hacerlo a través de sus abogados.

3. Mantén la comunicación con tus hijos y desmitifica sus preconceptos

Habla con tu hijo y no dejes de estar abierta siempre para escucharlo y sobre todo hazle entender que el divorcio no es su culpa.

Cuando un matrimonio se desintegra, los niños suelen despertar la creencia de que, si ellos se hubiesen “portado bien”, sus padres estarían juntos. Explícale a tu hijo que el divorcio no fue su culpa. Aunque tu hijo diga que no se siente culpable, será tranquilizador para él escuchar que tú se lo confirmes.

No le digas como tiene que sentirse. Respeta cómo se siente en este momento difícil, sin presionarlo, deja que te cuente cómo está y hazle saber que pronto estará mejor pero que por sobre todas las cosas tú estarás allí para cuando te necesite.

4. Toma recaudos según la edad de tus hijos

Debes tener presente que, según la edad que tengan tus hijos, la separación les afectará de una u otra manera.

Los adolescentes suelen desarrollar conductas manipulativas, tanto para intentar unir a los padres como para conseguir algo. Debes prestar mucha atención y desarrollar un parámetro de límites. En el peor de los casos, tienen problemas de conducta y bajo rendimiento académico, pues su emotividad se ve muy afectada.

Los más pequeños son generalmente los más perjudicados pues no son portadores de los recursos emocionales y cognitivos para procesar los cambios. Suelen mostrarse agresivos, somatizaciones que derivan en algunas actitudes y conductas regresivas. A veces es oportuno contar con la ayuda de un terapeuta.

5. ¡O tu padre o yo! -No, no le des a elegir

Mientras piensas en ganarle una pulseada a tu ex, solo agravas en tu hijo la pérdida del lecho familiar que le genera el divorcio. Ayúdalos a preservar su sentido de pertenencia y a recuperar la seguridad vulnerada.

Puedes hacer que su visita a casa de su padre sea llevadera sin ti y que la disfrute. Cuando regresa, evita las preguntas competitivas. Por supuesto que tú no le ofrecerás lo mismo que el padre ni realizarán las mismas actividades. Todo es diferente, pues deja que disfrute de las variaciones y de las diferencias entre lo que hace con su padre y lo que hace contigo. Respeta tanto sus momentos contigo como con él. Todo lo que hay detrás es el inmenso amor que ambos sienten por su hijo.

6. Crea entre tu hijo y tú el sitio más seguro del mundo

Debes aprender a fomentar la seguridad desde las cosas más simples. Comienza por ser responsable.

En primer lugar, no le mientas. Si le has dicho que estarás ahí, entonces deja lo que sea que estés haciendo cuando te busque y escúchalo. Nunca le prometas cosas que no podrás cumplirle.

Aunque parezca innecesario, mantén el orden en la casa. Un hogar ordenado, limpio, con horarios pautados para compartir la hora de las comidas juntos en la mesa quiere decir mucho para ellos. Les estás marcando las pautas de comportamiento, de orden, y si logras que te ayuden a organizar la casa les dejarás el mejor mensaje de responsabilidad no solo contigo sino con su propio mundo, pues ese territorio también les pertenece y debe ser un espacio seguro, tranquilo, donde refugiarse ante cada embate que le toque vivir.

7. El camino de la resistencia

Palabra apropiada para enseñar y acompañar a los hijos en este duro proceso. La base de toda resistencia es encontrar lo positivo en medio de la tormenta. Enséñale a sostenerse en pie y sacar de cada prueba que atraviesa lo bueno y no lo malo de todo.

Ayúdalo a construir su capacidad de resistencia. Debes empezar a asumir que esta difícil experiencia es una oportunidad para crecer, para renovarse. Enséñale, con tu propio ejemplo, cómo transformar su paso por las tormentas en una herramienta capaz de abrir caminos en vez de que sea un obstáculo imposible. Muéstrale tu paciencia y la adaptación a las nuevas situaciones. Tú serás su incentivo en este y en otros procesos, le estarás dando las armas vitales para salir de cualquier situación.

8. No le temas a los límites


No temas a las reacciones de tus hijos a la hora de poner los límites en la casa, hoy que el padre ya no está. Los límites son necesarios para el desarrollo de tus hijos y no es bueno escatimar por temor a que prefieran al padre más que a ti.

Las reglas que impongas en tu casa serán distintas a las reglas de la casa de su padre. Lo importante es que tú misma te sientas cómoda con esas leyes claras, como lugares de juego, hora de hacer la tarea, hora de jugar, etc. Conversa con ellos al respecto, explícales que tus pautas son por su propio bien.

Todo lo que haces siempre será por su bienestar y ellos deben saberlo y comprenderlo. No será fácil el proceso, pero no hay nada que con amor no seas capaz de conseguir.


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