Te contamos como resolver los problemas con tu pareja sin tomar decisiones apresuradas.

La irritación que provoca la ira es capaz de desatar la furia de un volcán innecesariamente, cuando atravesar por los bordes de la lava de ese volcán puede ser más simple si lo hacemos con cautela y pensando con detenimiento cada paso que damos sin tener que pisarla y despertar su cólera. Si nos dejamos llevar por nuestras emociones ante el más mínimo disgusto nos exponemos a tomar decisiones equivocadas de las que podemos arrepentirnos el resto de nuestras vidas. Toma nota de estos consejos y evita caer en este error.

No dejes que la rabia del primer momento simplemente te arrastre

Puede llevarse muchas más cosas a su paso. De niños hacemos berrinches por cosas que tienen solución, no esperamos encontrar el camino más simple para desenredar aquello que tanto nos molesta. El problema es que a veces de adultos seguimos haciendo las mismas rabietas, solo que ya las situaciones son diferentes y los resultados de nuestras reacciones viscerales pueden ser nefastas.

Si son nuestras emociones las que nos movilizan estaremos siempre en problemas. No resolveremos las cosas con madurez, pues madurar se trata de pensar en los pasos que damos, barajar todas las posibilidades, analizar las razones que nos llevaron a esa situación, si vale o no la pena molestarnos tanto. A veces con el diálogo todo puede solucionarse.

Es bueno que en medio de una discusión sepas mantener la calma a pesar de todo y la cabeza fría. Si notas que la otra persona está encerrada en sus ideas y en su enojo, entonces respira profundo y actúa con inteligencia. Date cuenta de que en ese momento no podrán conversar. Espera. Llegará un instante de calma en que podrán sentarse a dialogar sin pelear ni levantar la voz, donde los insultos queden detrás de la puerta. La paciencia todo lo alcanza.


Pensar en cada

una de las palabras que dirás y aquellas que callarás

Somos dueños de todos nuestros silencios, pero somos esclavos eternos de cada una de nuestras palabras. Si fuésemos tan rápidos para acordarnos de esta premisa de la misma manera en que nos acordamos de pronunciar palabras hirientes con tanta velocidad, vivir en este mundo sería más sencillo.

Sucede que a veces, movidos por nuestras emociones decimos, con una desconocida verborragia, todo lo que nos viene a la mente, herimos, insultamos, pero jamás pensamos en lo que estamos diciendo. El problema es que cuando las palabras salen de la boca ya no las podemos recuperar, ni tenemos el modo de retroceder el tiempo para volver a recogerlas. Ya está hecho y enmendar el error nos cuesta caro.

El mejor de los consejos es que escuches primero, lo pienses y actúes luego y con cautela. Intenta retener las palabras hirientes y las reacciones explosivas. Si sientes que no podrás hacerlo, dile a esa persona que ahora no te sientes preparada. Huye de la que eres en ese instante, porque no eres tú. No perder la compostura y la calma es la consigna.


Aprende a entender al otro

Bajarnos del pedestal de esa persona que se cree dueña de la única verdad nos cuesta demasiado trabajo. Nos encontramos terriblemente enfrascados en lo que creemos y consideramos lo correcto, que nos cerramos y no escuchamos al otro. Tal vez la otra persona tiene sus propios argumentos valederos para pensar y actuar como lo hace.

Debes aprender a escuchar, es un arte que por más difícil que parezca puede salvarte de situaciones difíciles. No es nada sencillo que alguien se calce tus tacones, intenta ponerte los zapatos de otros por unos momentos para saber qué se siente estar en su posición.

Ser comprensiva, abierta, desarrollar la capacidad de escuchar y entender a los demás es una herramienta que te abre la mente a otras posibilidades que no han pasado por tu cabeza, pero que para otros es importante. Escuchar es a veces la mejor estrategia, un arma poderosa que no todos saben manejar.

Que tus conflictos personales no se mezclen con otros

Es importante aprender a separar los tantos. Cuando estamos en medio de una discusión soltamos las amarras de todas esas cargas que nos pesan y terminamos echando por el barranco todo junto. Es como si un gran tornado se desatara lentamente y arrastrara todo a su paso. Sacas a relucir viejas situaciones no resueltas con esa persona, sin que el otro sepa que te habías puesto mal por aquello y allí todo se enreda.

Los celos, por ejemplo, son signos de una profunda inseguridad. Algo que no hemos resuelto a su debido tiempo. Piensa que solucionar nuestros problemas nos permitirá asumir relaciones de una manera más sana. No siempre se trata de las relaciones de pareja, puede ser una amistad e incluso los vínculos laborales. Cuando arrastramos nuestras cargas personales al terreno laboral, las personas que no nos conocen pueden no entender nuestras reacciones y todo puede complicarse.

Vivir relaciones saludables, implica aprender a soltar aquello que nos genera conflictos, parte de madurar y de crecer es saber superar las pruebas que la vida nos ha dejado al paso.

Los seres humanos somos seres sociales. No podemos saber quiénes somos en realidad hasta que nos relacionamos con los demás. A partir de allí, tomaremos conciencia de nuestras capacidades y limitaciones.

Ya lo sabes. Ante las situaciones que te despiertan ira: respira, piensa y luego actúa.


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