Suele pasar que dedicamos mucho tiempo a personas que nunca tienen tiempo para nosotros.

Las relaciones interpersonales siempre se encuentran en equilibrio cuando existe una correlación entre lo que se da y lo que se recibe, si ninguna de las dos partes se siente utilizada, sino por el contrario, cada una ocupa un lugar para la otra persona. Ideal resulta ocupar espacios prioritarios para quien ocupa esos sitios en nosotros.

No cabe duda que el tiempo es uno de los recursos más importante con los que contamos. Su manera de pasar, hagamos o no las cosas, su incondicionalidad y el poco control que tenemos sobre esa ilusión generada por nosotros mismos, muchas veces nos hace presos y nos hace darle una jerarquía relevante a cada fracción de ese tiempo.

Lo cierto es que no existe la falta de tiempo, lo que existe es falta de interés.

Cuando hablamos de tiempo, por lo general nos hace enfrentarnos a un tema de preferencias, de predilecciones y de interés. Si una persona verdaderamente desea hacer algo, debe buscar la manera, se organizará de una forma en particular, aplazará y adelantará algunas cosas en su agenda, con la intención de poder disponer del tiempo necesario para hacer lo que desea.

Obviamente esto no tiene que relacionarse al día a día de alguien. La verdad es que no podemos exigir ni pretender que una persona viva siempre cambiando sus planes, y de esta manera dejando de lado cosas prioritarias, multiplicándose todo el tiempo para atender lo que tiene que ver con nosotros. No obstante, debemos rescatar de todo esto puesto que de verdad quien quiere, habitualmente puede.

A excepción de hablar en detalle de las dinámicas de cada uno, las personas cuando están interesadas en alguien buscan la manera de abrir espacios dentro de sus programaciones, tal vez no cuenten con mucha disponibilidad de tiempo, pero será indudable el valor que nos den o nos quiten en su organización o improvisación del uso de su tiempo.


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