Su propio hijo los traicionó dejándolos sin casa. Quedaron sin nada.

Dos personas mayores habitan en una chabola actualmente situada en un valle de la población de San Ramón, en el municipio de San Antonio Sacatepéquez, Guatemala. El matrimonio formado por Teresa Coyoy, de 80 años, y Miguel Ramírez Minchez, de 82, tuvo que erigir un refugio de condiciones tercermundistas para poder tener un sitio en el que dormir y estar seguros. Cobijo que consiste en una pobre lona de plástico y unos cuantos maderos…

No obstante, y ante lo que se pueda pensar de ellos en primer lugar, lo cierto es que no hace mucho sus vidas no eran tan miserables. Ramírez y Coyoy lucharon durante muchísimos años para construir un hogar en el que sus descendientes pudieran vivir sin ningún tipo de miedo. Pero parece ser que ninguno de sus esfuerzos fue suficiente, ya que desde hace poco más de un año fueron condenados a dormitar como vagabundos…

El punto más lamentable de este relato tiene que ver con uno de los hijos del matrimonio, el cual los traicionó de la forma más cruel posible. Tanto Teresa como Miguel habían vivido bien felices durante muchos años y habían conseguido proporcionar una casa digna a sus pequeños, y parte de sus planes era legarla. Así fue como la pareja de ancianos quiso dar en herencia antes de morir lo que había sido su hogar siempre.

De este modo pusieron a nombre de su hijo pequeño la propiedad, pero no imaginaban lo que este gesto de amor iba a desencadenar. Su vástago aceptó la edificación, pero los expulsó inmediatamente sin ningún remordimiento. “Vinieron unos policías para contarnos que teníamos que salir de la casa, y que si no obedecíamos nos iban a meter en el calabozo. No sabíamos a dónde ir, con lo que nos refugiamos en una pequeña parcela,” expresó el padre.

“Creíamos que íbamos a estar juntos y tranquilos, pero no se cumplió,” comentó Miguel. El desamparado matrimonio se tuvo que limitar a establecer un pequeño campamento con materiales bastante precarios, bolsas de plástico, palos de madera, algunas mantas. Todo ello en una ladera de una montaña. Teresa comunicó a los medios locales que lo más duro era el frío, lo que más le entristecía. Aunque hacían fuegos cada día, no era suficiente…

Su rutina diaria consistía en buscar frutos y agua potable de algún arroyo cercano, así como leña para combatir las bajas temperaturas. Por suerte, un hombre se topó con ellos cuando recorría aquella montaña y su historia le conmovió tanto que trató de buscar una solución rápida. El nombre de este varón es Valentín Bautista, un vecino de la zona que cedió parte de su propiedad para que el matrimonio tuviera acceso a las necesidades básicas, y hasta trató de entablar relaciones con el hijo.

Bautista, junto las autoridades del municipio intentaron hablar y llegar a un acuerdo con el descendiente del matrimonio, pero la respuesta de éste fue solemnemente negativa. Desde entonces Teresa y Miguel tratan de reunir fondos para edificar una nueva vivienda en la que poder habitar dignamente, dentro de la parcela de su “ángel de la guarda”, Valentín Bautista. Por suerte, un reportaje emitido en Univision se hizo eco y poco a poco están recuperando la esperanza y construyendo su nuevo hogar.



Entre tanto, quizás para no tener que dar más explicaciones a los medios o a los altos cargos de la zona, el hijo vendió su propiedad por menos de 10.000 dólares y se marchó sin dejar rastro. Desde aquí le deseamos lo mejor a estos dos adorables ancianos traicionados por su vástago.

Fuente: paraloscuriosos