Soltera o solterona, tú decides

Los treintañeros actuales piensan muy diferente a sus padres y abuelos. Estar soltero es una opción de vida válida, toda vez sea un deseo genuino.
En la actualidad se ve a más solteros mayores de 30 años. Esto sucede por variadas razones. Carina*, comunicadora de 32 años, dice que no se ha casado por una relación que la desilusionó muchísimo. Por su parte, Lucho*, web master de 34 años, explica que le ha faltado decisión pues no está seguro de querer casarse todavía.

Yoli*, secretaria de 37 años, explica que está soltera porque no la han valorado y la han defraudado, pero opina que es mejor estar soltera y no mal casada. Paulo*, relacionista público de 34 años, señala que lo es por elección propia, pero no descarta una nueva relación cuando esté bien consigo mismo.

Ninguno de ellos se preocupa demasiado por su estado civil, aunque sí ha sentido la presión de otras personas, sobre todo quienes pertenecen a generaciones que se casaban mucho más jóvenes.

Generaciones diferentes


El significado del matrimonio ha ido cambiando con los tiempos. En los siglos pasados, explica Silvana Barrero en su libro Sola, solterita ¡y sin apuro!, la mujer tenía como único fin el de casarse, tener hijos y dedicarse a su casa. Antes del siglo XVI el amor ni siquiera formaba parte de dicho rol.

El hombre debía mantener a toda la familia y ser el jefe del hogar, lo cual representaba una gran presión social para ser exitoso y tener recursos.

Los padres de las jóvenes casaderas debían ‘colocarlas’ en las familias honorables, negociando el matrimonio según su belleza y virtud. Esto, explica la autora, daba como consecuencia que quien no consiguiera casarse y no cumpliera con su papel se le consideraba poco agraciada, fracasada y un lastre para su familia, que debía seguir manteniéndola. Por otro lado, era impensable que un hombre no se casara, por lo que cumplían con el rol incluso a toda costa.

De estas costumbres se han heredado ciertas ideas y actitudes, sobre todo en sociedades en desarrollo y conservadoras como la nuestra, a pesar de la emancipación femenina. Desde finales del siglo XIX la mujer fue adquiriendo libertades y derechos, así como la capacidad de mantenerse sola y de esa manera tener más autonomía. Ya para la segunda mitad del siglo XX las mujeres tuvieron la facultad de decidir con quién casarse y a qué edad y, a inicios del siglo XXI, para hombres y mujeres no casarse es también una opción.

Estas nuevas costumbres pueden ser incomprendidas por personas más tradicionales. Los padres de los treintañeros de hoy vivieron épocas muy diferentes, pues durante su generación, conocida como Y o baby boomers, hubo más matrimonios que nunca y la población mundial se disparó. Sin embargo, también la cantidad de divorcios se incrementó dramáticamente, afectando a sus hijos y su forma de pensar.

Huele a espíritu joven


En Guatemala, opina Ortiz, los miembros de la generación X (nacidos de 1960 a 1981) no piensan todos de la misma manera. Sus ideas acerca del amor y el matrimonio dependen de varios factores.

‘Yo considero al matrimonio como una figura que ya caducó. Es un contrato casi imposible de cumplir’, afirma Carina. Ella apoya su idea con la alta cantidad de divorcios de parejas cercanas que ha visto.

Personas como ella han sido influenciadas por las ideas de los movimientos progresistas de las décadas pasadas. ‘Crecieron disfrutando los logros de sus padres y abuelos, dando por hecho todas esas ideas nuevas’, explica.

No obstante, si vienen de familias conservadoras, es muy probable que tengan más apego a la tradición. ‘Dios instituyó el matrimonio por lo que lo considero sagrado. Grandes ejemplos en mi vida personal son mis abuelos y mis padres, con matrimonios y familias estables’, explica Yoli.

Sin embargo, en términos generales se puede decir que quienes pertenencen a la generación X tienden a tener confianza en sí mismos, desean balancear sus vidas, gustan de la informalidad, son personas escépticas, creativas e impacientes. Se dicen que tienen problemas para relacionarse y no se intimidan ante la autoridad. La tecnología creció y se desarrolló junto a ellos, la fueron conociendo conforme iba surgiendo.

Vieron caer grandes paradigmas, se criaron en un mundo violento y polarizado, aprendiendo desde niños acerca de las drogas y el sida. Se dice que no tienen héroes, pues todos los referentes de la generación son buenos y malos al mismo tiempo.

Solos o solitarios, dos posturas


Dentro de los solteros treintañeros básicamente se ven dos tipos: los que lo son por elección y los que quieren casarse pero no han podido. Carina, por ejemplo, dice que siempre le ha tenido pánico al matrimonio y nunca ha sido parte de sus metas. Mientras que Yoli siempre ha querido casarse y no pierde la esperanza de conocer a la persona correcta.

Paulo prefiere no involucrarse seriamente con nadie para no hacerle daño y cada vez le llama menos la atención casarse. ‘Puede ser porque aún no he conocido a la persona indicada’, señala. Lucho considera que poco a poco ha ido aprendiendo cosas que lo ayudarán en el momento de construir un matrimonio, pero no cree que eso ocurra a corto plazo.

Además de las características de su generación, según explica Ortiz, en la soltería de las personas influyen otros factores. ‘Los patrones de crianza recibidos, en algunos casos autoritarios, así como el hecho de ser educados por solamente uno de los padres’, señala.

Es de recordar que los roles masculinos y femeninos se aprenden durante la niñez, así como la relación entre nuestros padres se constituyen el modelo de relación. ‘Muchos padres optaron por darles ciertos privilegios que ellos no tuvieron, lo cual pudo haber influenciado su manera de ver la vida, su moral y la ética situacional’, explica.

Puede ser que algunos treintañeros hayan desarrollado una codependencia con sus padres, tanto emocional como económica. Pueden ser eternos adolescentes, faltos de madurez e iniciativa para hacer vida independiente, lo cual incluye, por supuesto, el matrimonio.

Familia de una persona


Para muchas personas ser solteros no significa que tengan algún problema, sino más bien que han tomado una decisión. ‘Un fenómeno que he observado es que suelen ser personas que se enfocan más en sus estudios o trabajos’, explica la psicóloga y sexóloga Rosario Sim. Muchos de ellos se concentran en la realización profesional, viajar por el mundo, ver otras cosas y tener otras vivencias en lugar de sentar cabeza.

Esto también podría ser, opina Ortiz, una característica de su generación. ‘Su experiencia infantil, donde sus padres trabajaban o estaban separados, les disminuyó las dosis de cariño. Esto los capacitó para disfrutar de su individualidad y a valorar su independencia’, señala. Los X no tienen tan arraigada la convicción de que el matrimonio es para siempre ni que sea un requisito para ser felices.

Por otro lado, ser solteros por elección para ellos no significa estar solos. No es raro que puedan establecer relaciones no duraderas, que incluyen sexo, sin ningún tipo de compromiso.

Según Barrero, quien aprende a disfrutar de su soltería y a ser feliz, no tiene por qué darle explicaciones a nadie.

Los consultados coincidieron en que al estar solteros lo que más disfrutan es la libertad que gozan, pudiendo tomar decisiones sin tener que consultar a nadie. Aseguran que en realidad no se la pasan solos ni aburridos, sino que tienen muchas actividades en las cuales involucrarse. El crecimiento personal no se detiene y pueden cultivar todas las aficiones que quieren.

Ortiz opina que a estas ventajas se le puede agregar la solvencia financiera, pues disponen de todo el dinero que ganan. Pueden irse de viaje de un momento a otro, así como aceptar un trabajo en otra ciudad o país sin que sea tan complicado.

Si con el tiempo cambian de opinión, y de estado civil, debería ser únicamente porque así lo quisieron ellos mismos y no por la presión social. Si no, deben ser respetados y apreciados como cualquier otra persona.

A buscar pareja


El psicólogo Carlos Ortiz señala que un gran porcentaje de los solteros en realidad está posponiendo el momento de casarse, ya que dentro de sus planes está tener esposo o esposa y criar hijos.

Casarse y compartir la vida con alguien ofrece muchas ventajas. Los entrevistados coinciden en que se tiene con quién compartir momentos especiales. Se celebran logros o consuelan fracasos con un compañero de vida que ha sido testigo de nuestro esfuerzo. Las mujeres tienen quien complazca su necesidad de escuchar ‘cosas bonitas’ o de recibir detalles.

Ortiz señala que la salud mejora en pareja, al reducirse el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, y la esperanza de vida sube. Se tiene más motivación y empuje al tener más responsabilidades.

Si eres soltero, pero quieres dejar de serlo, Rosario Sim recomienda hacer un examen personal acerca de tus motivaciones. Además debes olvidar el temor al fracaso que otras relaciones te haya dejado.

El miedo al compromiso se vence tomando la iniciativa y ver la situación como una oportunidad, indica Ortiz. A algunas personas lo que les cuesta es compartir hábitos, intereses y decisiones con otra persona. Debes comprender que esto es falta de madurez y egoísmo. Al compartir las responsabilidades con otra persona sentirás más ligera tu carga. Además, la convivencia es una negociación diaria, donde los hábitos de cada uno deben acomodarse de manera equitativa.

Si se está genuinamente enamorado y es un amor bien fundamentado, todas las cosas triviales serán más fáciles de arreglar.
Para buscar pareja, hombres y mujeres tienen diferentes retos por los roles que le asigna la sociedad y por sus diferencias emocionales y biológicas.


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