Sobreprotección: queriendo cuidarlos les haces un mal

Cuando un hijo llega a la vida, la existencia cambia radicalmente para sus padres: el centro de todo pasa a ser ese pequeño ser y su bienestar es causa del mayor desvelo y los mayores esfuerzos.

De allí en adelante, dos ideas centrales marcan el accionar de los padres: que a ese niño no le falte nada y que esté protegido de todo peligro.

A medida que ese bebé va creciendo, va desarrollando su personalidad y adquiriendo progresivamente las habilidades necesarias para enfrentar los desafíos de la existencia.

Sin embargo, esto no siempre es así. Muchos progenitores no son capaces de entenderlo y siguen tratando a su hijo como aquel pequeño ser indefenso que algún día nació, desconociendo sus habilidades y protegiéndolo como si fuera aún un bebé. Pasan de los límites normales y caen en la sobreprotección.

Cómo reconocerlos

Es una escena muy común:

los padres prohíben hacer algo ( “no puedes jugar ahora”, “apaga la televisión”, “vístete solo”, “no comas eso antes de la cena” ) y el niño reacciona con un berrinche, grita, patalea, llora, hasta que logra que sus padres cedan y haga lo que quiera. Con esta actitud, lo único que se consigue es que no aprenda a tolerar las pequeñas frustraciones del día a día.

Esto lleva a que más adelante no adquiera la motivación y la autodisciplina necesarias para conseguir sus objetivos.

Cuando se produce la sobreprotección, los padres asumen las responsabilidades que son de sus hijos, les siguen tratando como si aún fueran pequeños y les resuelven los problemas.

Por ejemplo, es muy común que les den las tareas escolares resueltas. De esta forma, impiden que aprendan, que se desarrollen correctamente y crezcan sanos y seguros de sí mismo, no llegando a ser autónomos e independientes.

En su intento por protegerlos de un mundo peligroso y guiados por el amor, muchos adultos hacen que sus niños sean débiles, flojos e incapaces de sufrir una contrariedad sin derrumbarse.

Estas familias “niño céntricas” tienen graves problemas de funcionamiento, con hijos que se acostumbran a recibir todo hecho y padres que viven de miedo en miedo, provocando que sus vástagos no puedan afrontar ningún reto y sean incapaces de desarrollar sus habilidades.

Muchas explicaciones se intentan dar para este fenómeno: algunos estudiosos opinan que ante la avalancha de responsabilidades que los padres asumen, con trabajos que exigen largas jornadas y hasta estar pendientes las 24 horas, quieren compensar la falta de tiempo con sus hijos dándoles “todo” y evitarles los momentos de infelicidad. Otro aspecto es que no quieren escuchar el “no” de sus hijos y la discusión que sigue después o, en muchos casos, no quieren esperar el tiempo necesario para que aprendan a hacer las cosas por sí mismos.

Esto puede provocar profundos daños emocionales en ese hijo y estas son algunas señales de esa situación:

1 Profunda dependencia del hijo

Pasa a vivir en una especie de “burbuja en la que nada le puede ocurrir. Todos los hechos les llegan filtrados por sus padres, de forma que no es capaz de formar sus propias armas para enfrentar los problemas.

2 Relacionado con lo anterior

el niño sobreprotegido es incapaz de enfrentar los retos diarios, ya sea en el campo de los estudios o en la relación con los demás. Esta situación puede extenderse y llegar hasta su vida adulta, repercutiendo en el campo laboral, profesional o de su vida de pareja, impidiéndole encarar relaciones maduras. En ocasiones, esta situación es internalizada y se produce un pánico a la independencia.

3 No son de su realidad

llegan a experimentar la sensación de que algo les falta, que sus padres se adelantan a todos sus posibles deseos.

4 Un hijo sobreprotegido puede experimentar sentimientos de frustración

Cuando crecen, pueden sentir que no llegaron a su máximo potencial.

5 Los berrinches pueden ser una señal de un niño

al acostumbrarse a que todo sea como ellos quieran y no experimentar nada negativo, tienen una baja tolerancia a las frustraciones.

6 La indecisión es una características de los niños sobres protegidos

como están acostumbrados a que sus padres opinen sobre él y darle todo ya hecho y decidido, no están preparados para optar. Esta situación puede extenderse en el tiempo y llegar hasta la vida adulta, esperando que alguien tome las decisiones. Esto puede llevar, por ejemplo, a que elijan parejas dominantes.

7 Estos niños pueden ser muy narcisistas,

ya que están acostumbrados a ser el centro de todo, pero como no han desarrollado sus habilidades para enfrentar los problemas, pueden sentir frustración o adquirir conductas de ocultación de sus carencias.

8 El niño sobreprotegido tiene dificultad para relacionarse con los demás

lo que normalmente lo lleva a ser blanco de burlas y bullying o ciberbullying. Esto genera un verdadero círculo vicioso, ya que ante el problema sus padres optan por aumentar la protección, generando aún más ataques.

9  utilizan normalmente el chantaje

como medio para obtener lo que no pueden conseguir de otra manera. En muchas ocasiones es un arma que sus padres utilizan contra ellos para evitar que dejen el hogar.

10 No son raras las enfermedades y adicciones

en los niños sobreprotegidos. Si la frustración y la dependencia son insoportables, pueden originarse dolencias como la depresión crónica y trastornos alimenticios de diferente tipo, así como la caída en diversas adicciones.

11 En ocasiones estos niños caen, cuando adultos, en conductas delictivas,

a las que llegaron porque sus padres les han ido cubriendo en sus pequeños problemas, no adquiriendo la necesaria responsabilidad sobre sus actos.

 

Es importante  que los padres comprendan que no podrán mantener por un tiempo indefinido la burbuja de protección en la que han puesto a sus hijos. Cuando ya no puedan protegerlo, solo quedará un adulto que definitivamente no es un niño y que no tiene los recursos ni las habilidades necesarias para enfrentar los retos de la vida, por lo que son vulnerables, inseguros y probablemente más infelices.

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