Signos de traumas infantiles ¡Identifícalos!

La niñez es una etapa de la vida en la que se deciden muchas cosas a futuro. Es una etapa en la cual se crea la seguridad del niño, la autoestima, los traumas y muchas cosas que pueden influir en el resto de la vida de la persona. Las impresiones físicas y fisiológicas dejan huellas grandes, en el cerebro de los niños causando así tipo de personalidades y rechazos que pueden afectar su vida adulta. Se dice que es importante que en la etapa temprana de un niño, se debe dar amor, comprensión y protección para que éste se desarrolle de la mejor forma posible. Que un niño haya sufrido traumas y dificultades en su infancia, no quiere decir que tendrá una visa basada en malos sentimientos o malas experiencias, sin embargo, se suele requerir ayuda psicológica en algunos casos, para ayudar a superar todo tipo de cosa vivida que pueda afectar su juicio mental.

En este artículo te mostraremos cosas importantes que deberías revisar en tu niño interior o en la vida de tus hijos:

1- Inhibición: La inhibición es un rasgo dañino que tiene que ver con la dificultad de “estar presente”, ya sea en el mundo o en la vida propia, las personas se cohíben, decir lo que quieren o hacer lo que quieren, les cuesta horrores. Sencillamente sienten miedo de hacer cosas por temor a ser juzgados por las otras personas. Este tipo de conducta psicológica crea inseguridad en las personas desde niños hasta su etapa de adultez por traumas pasados que son asociados con el Bullying o con no ser aceptados por individuos de cualquier tipo. Por otro lado, estas personas sufren de aislamiento y dificultad para tener relaciones interpersonales de cualquier tipo, limitándolos así entrar en situaciones sociales. Cuando hay traumas de infancia que no se han superado, la persona quiere pasar desapercibida, no llamar la atención.

2- Irascibilidad: Las personas con este tipo de conducta iracundas, tienden a reflejar traumas de infancia o experiencias anteriores que causan cúmulos de ira. No tienen porque ser personas violentas, más su conducta tiende a ser poco tolerante e irritante. He aquí la notoria consecuencia de ello cuando hablan, se expresan o hacen algo.

Desde el tono de voz hasta los movimientos corporales reflejan la ira que puede sentir ésta persona en su interior. Además, se ve tensión en sus gestos y en su forma de hablar. La rabia que sienten es expresada en todo el ámbito de la palabra cuando actúan y viven normalmente. Los individuos que sufren de ello, no han de darse cuenta de su conducta llena de ira, pues es la única forma que han tenido de vivir.

3- Rechazo: Las personas que han sufrido de rechazo suelen tener problemas de autoestima y no valorarse a sí misma, ya que, si otros los han rechazado, ellos mismos han adoptado esa conducta de rechazo hacia sí. Se han de sentir por debajo de los demás o por otro lado, superiores. Además, tienden a rechazar halagos u opiniones buenas de los demás, porque creen en el fondo que no son lo suficientemente buenos para nada, por ello se sienten afectados cuando las otras personas destacan sus virtudes, ya que sienten que los están engañando o peor aún, están burlándose de ellos. Las personas que sienten este tipo de rechazos, no llegan a entender como alguien puede tener un buen concepto de ellos si ellos mismos no lo tienen.

4. Disculparse constantemente: Una persona con traumas de infancia tiende a disculparse constantemente, bien sea porque sus padres le hacían ver que por todo tenían que hacerlo o porque sienten que cualquier tipo de situación puede molestar a los demás, por ello, se disculpa frecuentemente como si no tuviera derecho a equivocarse. Hasta se disculpa cuando va a hablar como si no tuviera derecho a ello. Ésta característica es muy habitual en niños que tuvieron hogares estrictos con padres que convencían a sus hijos de que tenían que ser perfectos. Se disculpan al salir de un lugar, o se disculpan cuando van a entrar en un lugar. En éste tipo de acciones se ve la huella de una crianza restrictiva y con pocas expresiones de afecto por parte de los progenitores. Estas personas tienden a sentir como si tuvieran que pedir perdón por cada acción que les represente una presencia en el mundo.



5. Huir del conflicto o vivir en él: Las infancias traumáticas tienden a desarrollarse en hogares conflictivos que denotan desacuerdos y agresiones delante del niño. Cualquier tipo de acción podía condenar la situación a problemas, gritos y hasta conductas agresivas innecesarias, por ello, la persona puede crecer con fijación por el conflicto o por otro lado, a huir del mismo. Hay individuos que alrededor de su vida buscando situaciones o parejas del tipo que han vivido en sus hogares pues es la única forma normal que ven de vivir y por el contrario, las personas que no pueden enfrentar ningún tipo de conflicto porque les recuerda a situaciones incómodas que han vivido en sus hogares anteriormente. Incluso, son capaces de ignorar sus propias ideas con tal de evitar una contradicción que pueda desencadenar un conflicto, pues se mantienen atados a la repetición de conducta de cuando eran unos niños.

Los traumas generales no se resuelven porque sí en ninguna situación, hay que trabajar en ellos, buscar ayuda psicológica y tener un punto objetivo de lo que está bien o está mal. Si bien es difícil superar las conductas aprendidas que tuvimos cuando éramos pequeños, no es imposible ni fuera del alcance de un adulto, basta con buscar la ayuda necesaria y poder estar en paz con uno mismo resolviendo éste tipo de traumas que generaron nuestros hogares, puesto que si no lo hacemos, corremos el riesgo de traspasarlo a nuestros hijos en nuestro futuro hogar siendo adultos.

Recuerda que para mejorar y superar cualquier tipo de situación, tienes que poner de tu parte y ayudarte a ti mismo.


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