Ser madre hoy: presente, pero a la vez ausente

Ser madres nos confronta muchas veces con una realidad compleja. Nos hacemos madres por el camino, en medio de la vorágine del mundo de ajetreos constantes que nos toca vivir. Somos entonces, madres presentes, pero también ausentes. Dos caras de la misma moneda de una realidad en la que tenemos que encontrar la manera de engranar y sobrellevar las responsabilidades de madre y al mismo tiempo, la rutina laboral. Ser mujer, madre y profesional, un desafío, pero no un imposible.

¿Qué significa ser madre presente pero ausente?

Somos madres con múltiples tareas que estamos presentes en la vida de nuestros hijos, pero más allá de la presencia física, estamos inmersas en nuestras responsabilidades y no contamos con ese tiempo que ellos necesitan que les donemos. Podemos estar ocupadas o no estar en casa pero sí,al pendiente de sus cuidados, aunque ellos piden algo más. Pues a la hora en que podemos conectarnos con nuestros hijos es para exigirles cumplir las normas de la casa: hacer la tarea de la escuela, la hora del baño, de la comida y de dormir. En el momento en que ellos no responden como quisiéramos, nos enfadamos y el conflicto se genera. Hemos roto el marco para hacer contacto con ellos, pero es que estos niños esperaban que escuchemos sus hazañas del día, que tengamos tiempo de leerles un cuento antes de dormir, que dejemos lo que estamos haciendo para jugar con ellos. Quizás tan solo un beso y un abrazo serían suficientes.

Pero el tiempo apremia. La vida nos somete a una vorágine que nunca acaba. Encontrar el equilibrio justo entre ser madre, mujer y profesional es el desafío al que nos enfrentamos en esta prueba de ensayo y error en que aprendemos a ser madres.

Otras madres también, sufren del temor a expresar sus emociones, porque los hijos son demasiado traviesos y hay que mostrar autoridad, pero por el camino olvidan que, lo esencial es el afecto. Mostrarnos con autoridad y respeto ante ellos, no significa de ninguna manera no darles cariño, al contrario, decirles que lo que hacemos y nuestros “no”, aunque no les guste, es por su bien y porque los amamos, es el principio de todo. Hay formas de educar con amor e imponer los límites sin tener que por ello ser demasiado reservados ni demasiado blandos.


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