Se necesita más personalidad para lidiar con el éxito que para resistir el fracaso

Hoy en día, se suele encontrar bastante literatura, acerca de la valentía del ser humano al hacer frente al fracaso. El cómo se puede enfrentar el fracaso, es un tema sobre el cual hablamos cotidianamente y también generalmente tenemos una opinión formada frente a él. Frecuentemente, solemos tener un gran contacto con personas que nos cuentan sobre cómo atravesar circunstancias dolorosas y cómo se puede salir airosos de ellas.

Historias que nos transmiten que podemos resistir el dolor, que podemos equivocarnos una y mil veces y que podemos aprender de ello, y que a pesar de todo lo que nos pase, tenemos la capacidad de salir adelante (aunque a veces podamos sentir que no). A pesar de que hay que ser consciente de que uno puede llegar a ser imprudente al estar demasiado seguro de la propia sabiduría.

En cuanto a lo anterior, para poder lograr un equilibrio, es saludable tener en la mente de que el fuerte, se puede debilitar y de que el sabio, puede errar. Así como lo dijo el gran Mahatma Gandhi.

Al respecto, ¿Qué nos pasa con el éxito y con la fama?, pensamos que ¿el éxito y la fama son los que transforman a las personas?. Es cierto que es común ver cómo las personas son una manera y luego, cuando tienen fama y éxito, parecen cambiar su personalidad y muchos, jamás vuelven a ser los mismos de antes.
Entonces podemos concluir que se puede necesitar una personalidad más resistente a los cambios externos, más sensata y más madura. Pues el éxito contiene varios avatares, algunos no son tan conocidos por nosotros, las personas que no somos particularmente famosas y que no gozamos de tanta exposición mediática. También es un tema que es poco conversado en los círculos sociales convencionales y tampoco es un tema muy expuesto en los medios de comunicación.

Es curioso el hecho de que hay mucha más información circulando acerca de cómo atravesar los fracasos que acerca de cómo hay que enfrentar el éxito. Se suele decir que para poder hablar de los fracasos, podemos desvestirnos y podemos revelar toda la historia, sin que nos interesen los tronos, nombres y renombres.

En cuanto al éxito, pocos demuestran ser capaces de conservar la humildad de nuestra alma, y muchos, al tener un cierto éxito, podemos ser capaces de llegar a desconocernos a nosotros mismos. Citando a George Arliss “La humildad es la única verdadera sabiduría que nos prepara para todos los posibles cambios de la vida”.

Siempre es más sencillo hablar acerca de las maneras que hay para reponerse del dolor que causa el fracaso, ya que, es más frecuente, que éste saque lo mejor de nosotros. Que de las situaciones que nos causen dolor, nosotros busquemos dentro de nosotros la humildad de poder aprender de lo que nos toca vivir. En cambio, en el éxito se nos aumenta el ego, y puede ser que, no veamos la nueva responsabilidad que viene con el éxito, este nuevo poder lo podemos usar para el bien o para el mal, pero en la vorágine que nos causa el ego, podemos confundirnos.

Dentro de las personas que pueden tener cierto éxito, hay un patrón común y hay ciertas excepciones. Estas últimas se pueden caracterizar por ser fieles a sus propios criterios y valores. A pesar de lo que pueda significar el continuar eligiendo éstos.

No se intenta decir que el éxito es malo, negativo o menos conveniente que ser no exitoso. Sino que se quiere poner sobre la mesa, que el éxito es una situación, frente a la cual hay que estar preparado para poder asimilar correctamente todos los beneficios que la fortuna y el éxito pueden traer en conjunto con la prosperidad.

El éxito puede convertirnos en mejores personas, puede que nos enseñe a mantener nuestra esencia, a continuar respetándonos a nosotros y a los demás, que nos enseñe a que la vida da vueltas constantemente y que, si bien en un momento podemos estar bien arriba en la montaña de la vida, en otro momento, podemos caer muy bajo. Y de todas las experiencias variadas que nos toque vivir, tenemos la capacidad de aprender de las maneras más inesperadas. Todos en esta vida estamos jugando un papel, vamos a sufrir nuestras propias penas y vamos a celebrar nuestros propios logros. Así como dice Niccolò Machiavelli: “Los títulos no honoran a los hombres, los hombres honoran los títulos”.

Al respecto, todos nosotros debemos aprender de ambas experiencias y nunca dejarnos llevar por nuestro ego, el cual durante el éxito se puede sentir intensamente y puede ser que nos diga que no tenemos nada que aprender de esta situación, sin embargo, siempre podemos hacerlo con respecto a nosotros mismos y a los demás.

Socialmente, el camino para enfrentar los fracasos está descrito; la sabiduría popular dice que hay que tener perseverancia y fortaleza en esos momentos, que hay que saber seguir con nuestra vida a pesar del dolor y seguir luchando cada día.

En cambio, durante el éxito, se recomienda recordar los aprendizajes que tuvimos durante el fracaso, tales como: el ser humilde. Para esto, debemos tener en cuenta de que nuestro éxito tal vez no dure para siempre y que nuestra tarea es intentar conservarlo. Además, debemos intentar conservar la misma personalidad que teníamos antes.

En consecuencia del éxito, debemos utilizar nuestros nuevos conocimientos y nuestro nuevo estatus para resaltar la bondad que tenemos dentro. Además, se debe tener en cuenta que el ser exitoso puede propiciar a tener una mayor codicia y ansia de poder.

El poder conectarse con la bondad que todos tenemos dentro, independientemente de si estemos pasando por un momento de fracaso o si en cambio, nos sentimos exitosos, es algo que deberíamos practicar diariamente, ya que es una virtud que todos tenemos dentro, que a nivel de acciones puede parecernos muy sutil y frágil, pero al perder el contacto con ella, podemos perder la oportunidad de seguir siendo la persona que queremos ser.


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