¿Quiéres ser feliz?

La felicidad semeja algo lejano, ¿verdad? Quizás hayas escuchado lo que yo: que es un imposible necesario. Es como la Luna, que la vemos bien alta pero siempre la queremos alcanzar. Como las estrellas, muy lejanas, pero igual de bellas.

Elevan nuestros pensamientos y sentimientos. La felicidad se antoja igual: conseguimos momentitos pero nunca la hallamos para siempre. De todas, ¿qué problema hay? A lo mejor es el camino, con esos instantes felices, que nos hacen seguir caminando y mejorando. Diez pasos en el camino de la vida feliz:

Conócete a ti mismo

Mucho lo repiten pero pocos lo practican. Si la felicidad es camino, párate un instante para mirar dentro de ti. ¿Quién eres de verdad? No lo que dicen los demás, sino lo que sientes en profundidad. Una parte de ti ya está activa pero seguro tienes sueños y aspiraciones. Esa parte debe despertar, salir a la luz.

Sí, para caminar hay que sentirse con fuerzas. Descubrirás valores y forjarás virtudes, pero aparecerá la sombra de lo malo y esa sombra has de iluminarla. Como todo camino, tiene jornadas fáciles y otras esforzadas.

Haz el bien

Los refranes de nuestros mayores no ayudan mucho a vivir mejor. Seguramente hayas escuchado algunos: haz bien y no mires a quien, trata a los demás como quieres ser tratado, da lo que quieras recibir. Obvio que suenan bellos. Toca hacerlos realidad, convertir el sueño en acción.

Con desear no te conviertes en mejor persona, sino realizando. Ya que estamos con dichos: el camino al infierno se ve empedrado de buenos deseos, el árbol se conoce por el fruto. Antes te paraste a conocerte, a descubrir tus raíces, ahora toca mirar a las ramas y dar frutos.

Comparte y compártete



¿Por dónde comenzar a fructificar? Pues por los más cercanos, claro. El cambio comienza por casa, por los amigos, el colegio y la universidad. ¿Dónde da un árbol sus frutos sabrosos? En el sitio donde está plantado. Donde vivas es donde fructificarás. Eso se nota, se ve.

Uno de nuestros males actuales es el egoísmo, el no querer dar fruto. Cambia. Comparte de lo que tienes porque lo que no necesitas o te sobra es lo necesario para otro. ¿Qué no te alegra un regalo? Hoy te toca hacer feliz a alguien. Si tienes poco, date a ti misma. No es cuestión de cosas sino de actitud y obras.

Perdónate y perdona

Efectivamente, el mal existe y actúa. A veces hacemos el mal o lo permitimos cerca de nosotros. Un paso para afrontarlo y quitarle poder es mediante el perdón. No es cosa de mirar solo hacia afuera, como si los demás fuesen los únicos malos o los únicos necesitados de perdón.

Vuelve al primer punto: al reconocerte ves detalles malos, acciones o palabras que traen tristeza, indiferencia que dejan pasar el mal al mundo.

Habrá que volver a parar para pedir o dar perdón. ¿Eso supone olvidar lo malo? Mejor: recuerda el pasado para aprender de él y recuerda las maldades como perdonadas. Han quedado atrás. El resentimiento es mal compañero de viaje.

Asómbrate

Libera tus ojos y corazón de los prejuicios, de la rutina. Cuántas veces dicen que uno es joven si su espíritu es el de un niño. Tu edad es un detalle de tu madurez, pero hay más. La capacidad de asombro nos lleva a sentir la belleza del mundo, de las buenas acciones de nuestros cercanos, de nuestra propia bondad.

Esto es difícil, parece mejor hablar de las cosas malas que suceden o de la jugarreta de nuestros compañeros. Toca despertar, como el árbol que separa sus hojas para recibir el sol o la sonrisa que se abre en el rostro.

Busca la belleza

Abrir los ojos y captar la luz de un modo nuevo. La búsqueda de la belleza en la naturaleza, el arte, las buenas personas. Más de una vez habrás querido ser como alguien a quien admiras. Decimos que desprende luz. Esa es su belleza. A tu alrededor hay cientos de detalles que son bonitos y, si faltan, siempre podrás aportarlos tú. Tener algo lindo cerca, alegra.

Cuida la naturaleza

Uno de los ámbitos en que puedes desinhibirte y respirar a pleno pulmón. Piensa de dónde procede el aire que respiras, descubre el frescor de un parque verde o la lindura de un jardín en plena floración. ¿Qué sientes? Seguro que deseas seguir allí y cuidar ese entorno.

Con pequeñas acciones diarias cuidarás de esta casa común que es la Tierra. Reduce tu consumo, reutiliza todo lo que puedas, recicla, únete a alguna asociación ecológica, planta un pequeño huerto o jardín.

Publica lo bueno de la gente



Basta ya de tantas noticias feas, de tantos comentarios maledicentes. ¿Nos va mejor hablando pestes de los conocidos? ¿Mejoras el mundo transmitiendo las suciedades ajenas? Así como quieres que hablen de ti, habla tú de los demás.

Si llenas tu tiempo de pensamientos, palabras y obras en positivo, restas fuerza al mal. Es un buen plan de choque. Aportar detalles positivos, promover un pensamiento de construcción, comentar el detalle bonito que alguien tuvo contigo.

Trabaja por la paz

Actívate. Hay causas por las que luchar que repercuten favorablemente en favor de todos. Una manera de ser feliz es buscando la felicidad de los demás, sin caer en el vicio de querer quedar bien con todos. Asociarse para pedir la paz en el mundo o en tu país, conocer qué conflictos armados se desarrollan hoy y ver cómo acercarles a esas gentes ropas o medicinas, suscribirse a una ONG, hacer la experiencia de un mes o un verano en territorio redonstruido tras un conflicto bélico.

Buscando lo mejor abres la cadena de la solidaridad y la paz. Como eslabón de la cadena, tú también participarás de lo que buscas y das.

Líbrate del mal

Caminar la senda de la felicidad supone renuncias. ¿Quién dijo miedo? ¿Acaso lo tienes todo o puedes poseerlo todo? Día a día eliges: unas opciones las tomas y otras quedan atrás, en la cuneta. Todo está bien. Cuando renuncias a algo voluntariamente te haces más fuerte, enseñas que puedes vivir sin ello, rompes las cadenas que te atan a lo material. Bien. Descubre qué maldades te atan y no te dejan ser feliz.

Échalas lejos de tu vida. Cambia tu mentalidad, tus palabras y obra correctamente. ¿Ya te sientes mejor y más alegre? Si algo te quedó por hacer o perdonar, es el momento.


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