¿Quién sufre más, la esposa o la amante?

En este juego el tablero deja de ser cuadrilátero para convertirse en un triángulo en el que los tres jugadores ingresan a un juego en que acabarán perdiendo. Si bien es cierto que la principal víctima siempre es la esposa, el sufrimiento está presente en las tres puntas del tablero. A la hora de las sumas y las restas, quién sufre más o quién sufre menos es una ecuación difícil de resolver. La única verdad concreta es que en ese triángulo algunos sufren por opción propia y otros no.

Lo primero que tendemos a hacer, es juzgar el hecho por sí solo, como algo aislado que está mal, pero cada relación, cada historia en particular tiene sus propias características. No podemos saber qué pasó en el seno de la pareja para que el marido mire al costado, o si se trata de un hombre infiel que aún estando seguro de lo que siente por su esposa, necesita salir a buscar a otras mujeres.

El sufrimiento siempre está presente y de ambos lados. Claro está, que se trata de perspectivas muy diferentes del dolor. La amante sufre por decisión propia Es difícil juzgar cuando los sentimientos se hacen inevitablemente presentes. Es una mujer capaz de darle todo, pero finalmente, él amanece en otra cama todos los días y el síntoma de la “cama vacía” es una de las primeras cosas que se resienten en la vida de una mujer que acepta las reglas del juego de este tipo de relaciones.

La esposa, no eligió estar allí. Se casó creyendo en el “amarse y respetarse para toda la vida”, donde la infidelidad no hacía parte del trato. Ella sufre porque tiene otras situaciones que enfrentar, los hijos, las responsabilidades que asume ante ellos, su casa y su trabajo, todo se moviliza a la inversa cuando debe enfrentarse a una traición.

Cuando una pareja decide unir sus vidas, lo hace en base a ese amor que ha cultivado con el correr del tiempo, pues ambos cónyuges se sienten seguros de que serán capaces de amarse para siempre y de enfrentar lo que la vida les tenga preparado. La experiencia más temida y la más difícil de atravesar es la infidelidad, una prueba de fuego y la más peligrosa de todas, que siempre termina devastando a dos o a tres. Dependerá del caso y de las circunstancias tener la capacidad de colocar en una balanza la crisis, por un lado, y por el otro los sentimientos.


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