Querida mamá, esto es lo que siempre te había querido decir.

Tal vez, en el ritmo acelerado de nuestras vidas, no hemos tenido la oportunidad de hablar de tantas cosas que me hubiera gustado decirte mirándote a los ojos.

No siempre hemos coincidido y he tomado decisiones por caminos paralelos que no han sido de tu agrado. Sin embargo, eso jamás significó que te haya dejado de querer, al contrario, aunque mi vida haya girado por otros rumbos distintos a los que tú me has propuesto, he podido recorrer el camino escogido, con sus luces y sus sombras, he atravesado la cuesta arriba y me levanté de las caídas gracias a las fuerzas y a la confianza que me he aprendido de ti.

Es por eso que hoy, solo puedo darte las gracias. Has sabido ser siempre mi luz y la voz de mi conciencia aun estando lejos.

Gracias por haberme dado las herramientas para trabajar en ese forjar mi futuro todos los días. Por haber puesto en mis manos las armas para defenderme en la vida y por adiestrarme en su mejor manejo, pero sobre todo gracias madre, por no haber gatillado de ellas nunca por mí.

En ocasiones me resulta difícil darme a la tarea de encontrar las palabras precisas para expresarte todo lo que siento por ti, es por ello que en estas líneas hallo la mejor manera de expresarte todo lo que siento y lo que te he querido decir porque, aunque no lo diga, te llevo siempre en mi corazón.

Aunque el orgullo me impida demostrarlo, sé que muchas de las veces en que me indicaste el camino a seguir o has intervenido en mi vida de manera tajante, ha sido por mi bien. Me ha tomado tiempo comprenderlo, pero el resultado de las consecuencias se ha encargado de demostrarme cuanta razón tenías.

Gracias madre, por acompañarme, por estar ahí sosteniendo mi mano cuando te necesité. Porque cuando perdí la razón y la noción de las cosas, solo tú pudiste hacerme reaccionar y mantenerme despierta, en alerta y me has ayudado a recobrar la conciencia cuando la creí perdida.

Sé que sin ti y sin tu luz en mis agrietados caminos nada para mi hubiera sido lo que es.

Gracias querida madre, porque en cada paso que doy en la vida, al girar en cada esquina viene a mi mente algún consejo que me has dado. No importa el momento en que me lo diste, pudo haber sido en la adolescencia, en la niñez o tal vez muy reciente, lo importante es que tú estás presente siempre que te necesito sin necesidad de estarlo físicamente. Simplemente estás conmigo con tus actitudes, con tus palabras, con tus ejemplos o tan solo con tu mejor sonrisa. A veces solo eso necesito, para volver a empezar, cerrar alguna puerta y reiniciar el juego en otro tablero, tan solo el sonido de tu voz en mi memoria me indica el camino a tomar. Es allí cuando recobro la paz. Eres ese as bajo la manga que siempre me salva del ocaso.

Gracias por amarme tanto. Ya con las mismas fuerzas y el mismo apego, me amaste también con la libertad necesaria para permitir que yo escoja mis caminos y tome mis propias decisiones, sabiendo que corría todos los riesgos de equivocarme. Por no impedirme cometer errores, esa parte de aprender, crecer y madurar que nos convierte en seres humanos fuertes, gracias madre mía.

Tu amor incansable, ese que te ha convertido en una guerrera inclaudicable que ha sido capaz de vencer cualquier obstáculo, ese amor que me regalaste ciegamente, aun estando enojada o molesta contigo, no te has cansado de dármelo con toda tu alma a pesar de todo. Ese amor me ha salvado tantas veces, madre y ha llegado la hora de decírtelo.

A veces, estando en el peor epicentro de mis adversidades, tus te quiero me han devuelto el aliento y no sabes cuánto. Quisiera que sepas que nada me reconforta, cuando estoy triste, cuando sufrí decepciones, cuando la vida me ha golpeado, nada más que ese gran paraíso que es tu abrazo. Mi oasis en medio del desierto solo pueden ser tus brazos.


Debo reconocer, madre, que la única persona que ha sido completamente sincera conmigo, eres tú. No en todas las circunstancias de la vida, la gente nos dice lo que realmente piensa para ayudarnos, para guiarnos, para acompañarnos. La verdad es algo que, aunque duela, es lo que nos enseña a ser fuertes. Solo tú has sabido tener ese gran detalle conmigo, por muy mal que me vaya a sentir después, siempre lo has hecho por mi bien.

Has estado siempre. En cada acontecimiento trascendente, en la culminación de alguna etapa, en los deportes, en los cumpleaños, en los eventos más simples pero importantes para mí, en todo momento, nunca has dejado de estar.

Las madres son nuestro libro de consulta permanente. Gracias por responde a todas mis preguntas con paciencia desde que era niña hasta la etapa escolar de mis hijos, todo lo has sabido responder con la sabiduría y la certeza que te caracteriza.

Gracias madre querida, por que sin ti no lo hubiera logrado. No sería la mujer en la que me convertí. Gracias por estar, por unir tus fuerzas a las mías, por luchar conmigo, de lejos y de cerca. Por ser ese combustible necesario para avanzar en la vida. Por amarme, gracias, madre mía.


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