¿Qué hago cuando mi hijo miente?

La mentira es utilizada por pequeños y grandes.

Sirve naturalmente como un mecanismo de defensa y cumple la función de proteger la autoestima, la aceptación, obtener lo que se deseas y evitar ser juzgado.

En la mayoría de los casos parece ser inofensiva: “estoy saliendo para ahí”, “ya falta poco para terminar”, “estuve por ahí”, “mañana sin falta”.

Según un estudio del Museo de la Ciencia de Londres, en promedio los hombres mienten tres veces al día ( o sea, 1.092 al año) y las mujeres lo hacen dos veces diarias ( o sea, 728 anuales). La mayoría son “mentiras piadosas” o “blancas”, destinadas a no herir los sentimientos de otra persona, pero finalmente son hipocresías.

Puede que así sea, pero existe el peligro que se instalen como un patrón de conducta, de manera que ante cualquier inconveniente, se recurra a la mentira como cualquier alternativa.

Y esto se complica cuando hay niños, porque ellos no saben diferenciar una “mentira” de una mentira “piadosa” o “blanca”: básicamente, para ellos es lo mismo.


“Haz lo que yo digo…”

Si la mentira se instala en nosotros como un hábito “inofensivo” y primera alternativa de respuesta, pasa a verse como algo natural y sin consecuencias.

El problema es que cuando están tus hijos, ellos tomarán ese mismo camino para responder a las diferentes circunstancias que enfrenten. Recuerda que ellos aprenden básicamente por imitación, así que cuando le decimos “dile a Fulano que no estoy”, simplemente le estamos inculcando que la mentira es una buena manera de enfrentar una situación. Ellos pueden hacer o no lo que decimos, pero sí harán lo que nosotros hacemos.

No es raro encontrar el caso de padres que dicen “no mientas”, pero lo hacen delante de sus hijos. “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, parece ser la consigna.

Honestamente:¿cuál te parece que será el camino elegido por tu hijo: lo que dices o lo que haces?


Motivos

La mentira es una conducta esperada en el proceso de desarrollo infantil. Se inicia entre los dos y los cuatro años.

Así como tu hijo pasa por varias etapas de aprendizaje, la mentira también se desarrolla en diferentes momentos y a diferente edad.

Por ejemplo, las “mentiras naturales” surgen antes de los 5 años. Estas se caracterizan por la falta de intención y ser espontáneas, mezclándose con la realidad. No tienen una gran importancia, solo mantener la autoestima del peque.

Lentamente comienzan a surgir las “mentiras intencionadas”. Estas sí tienen una clara intencionalidad: el niño busca salirse con la suya y cumplir lo que desea, sabe perfectamente lo que está haciendo, pero aun así persiste en la mentira.

El objetivo puede variar: evitar un castigo, imitar a otras personas que mienten, ser aceptado a pesar de haber hecho algo censurable, obtener algo que no podría conseguir de otra manera, protegerse a sí mismo o a sus amigos de un eventual problema, ganar la admiración o el interés de otra persona, evitar una situación social embarazosa o la vergüenza que derive de ella, demostrar que tiene el poder sobre una autoridad, etc.

A tener en cuenta

Un estudio que se realizó en Canadá en el año 2010, arrojó interesantes resultados sobre los niños y las mentiras.

Las conclusiones indicaban que a los dos años, el 20% de los niños miente. Esa proporción se eleva al 50% al año siguiente y casi al 90% cuando cumplen los cuatro, con una gran salvedad: a esa edad no se pretende engañar y es recién hacia los 7 años cuando los niños se dan cuenta del aspecto moral de la mentira.

De hecho, la edad “más mentirosa”, por así decir, sería los 12 años.

En todos los casos, estos son algunos aspectos que debes tener en cuenta en relación a tus hijos y las mentiras.

– Mentir es malo y tu hijo debe conocer las consecuencias de mentir. Debes explicarle que ocultar la verdad, aunque sea mala o negativa, siempre trae consecuencias, más tarde o más temprano.
– Los castigos que les demos a los niños deben ser proporcionales a su edad y a lo que han hecho. La severidad excesiva lleva, muchas veces, a ocultar la verdad.
No hay mejor manera de enseñar que con el ejemplo: para no criar a un hijo mentiroso, no debemos ser un padre o una madre mentirosos. Tu hijo copia todas tus actitudes y acciones, tanto buenas como malas, ellos harán lo que te vean hacer a ti.
– Enséñale que decir la verdad es de valientes y que a pesar de las consecuencias negativas, debe decirla. Lo fundamental es tener siempre una buena comunicación. De esa manera, él sabrá que si hizo algo mal, contará con tu comprensión y apoyo.

– Nunca festejes ni bromees con sus mentiras. A veces tendemos a divertirnos y a minimizar las pequeñas mentiras que ellos dicen, pero si lo hacemos, estamos reforzando esa conducta y lo volverá a hacer. Ellos están muy atentos a lo que nosotros decimos y hacemos y por ello, este tipo de actitudes los llevan a repetir esas acciones.
– Crea entre tú y él un clima de confianza y no lo juzgues cuando sea sincero. Es importantísimo que él crezca en un ambiente donde pueda sentirse tranquilo y seguro con lo que va a expresar. Si piensa que puede haber represalias ( y mucho más si son desproporcionadas) puede optar por el camino de ocultar las cosas.
– Explícale claramente, teniendo en cuenta su edad, la diferencia entre la mentira y la verdad. Puedes hacerlo utilizando cuentos, películas, anécdotas o juegos.
Cuándo preocuparse

Según los estudios anotados, la gran mayoría de los niños mienten, pero ¿cuándo hay que preocuparse por este tema?

Los límites pueden ser difusos, pero en líneas generales puede decirse que la mentira pasa a ser un tema preocupante si el niño miente con exagerada frecuencia y se empeña en sostener algo falso, a pesar de las evidencias o cuando la mentira daña a otra persona. En estos casos, es necesario actuar y tomarse en serio la situación.


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