Esta es una pregunta que probablemente nunca te la has hecho: ¿QUÉ CREO DE MÍ?

Siempre es un buen momento para detenerse y preguntarse: ¿Qué digo de mí? ¿Qué opino de mí? Olvidar por un momento la típica pregunta, ¿qué dice la gente de mí? Porque si es por eso, hay gente que es muy mala y no tiene ninguna preocupación en cambiar lo mal que hacen.

Por ejemplo, hay gente que le encanta vivir en el papel de la víctima y piensa que es la única que se preocupa por mantener una relación y viven con la carga que de no ser por su actitud, su familia estaría destruida, siempre es la víctima. Cuenta su historia, dice cómo ha sufrido, lo mal que le ha pasado y en su mente sólo está que a este mundo se vino fue a sufrir.

Un individuo con una buena imagen de sí mismo lidia con los problemas con seguridad y confianza, sabe superar los obstáculos o no tiene miedo de enfrentarlos; por lo contrario, alguien con una mala o pobre imagen, se doblega ante la presión y le resulta extremadamente difícil sobreponerse aun a las situaciones más cotidianas.

Detente y respóndete estas tres preguntas importantes: Qué creo de mí, qué digo de mí y cómo yo quisiera ser. Hagamos un ejercicio, recuerda en este momento a alguien que te haya hecho muy bien en la vida: algún familiar o algún amigo que te hizo mucho bien. ¿Lo tienes? Bien. Ahora, intenta entrar en esa persona y mírate con sus ojos. Piensa en eso que opinaba de ti, cosas que opinaba: ¿Te valoraba, confiaba en tu talento? De la misma forma que esa persona, a quién hoy valoras mucho, de esa forma tienes que verte tú mismo.

El cerebro responde a nuestros impulsos y pensamientos. De acuerdo a eso, decirse frases como: eres importante, eres invaluable, saldrás adelante. Son frases que te permitirá hacer un anclaje y conectar con tu propio entusiasmo para enfrentarte de una forma más optimista a tu vida. Las actitudes de las personas a nuestro alrededor se vuelven importantes, las experiencias que recibimos de ellas nos dan una idea de la importancia que tenemos.


Los comportamientos son las respuestas circunstanciales que desarrollamos para hacer frente a una situación determinada. Todos tenemos la capacidad para desarrollar respuestas distintas y tú vales mucho. Pero solo tú puedes darte valor. No dejes que nadie te humille, te maltrate, se burle o te haga de menos. El único motivo permitido para que alguien te haga llorar es de felicidad y nada más. Pero, nadie puede hacerte sentir mal sin tu consentimiento.


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