PARA QUEDARSE EN CASA CUIDANDO DE LOS HIJOS 24/7 HAY QUE TENER LAS FALDAS BIEN PUESTAS

Desde el momento en que nos convertimos en madres, sabemos que estamos asumiendo una responsabilidad inmensa, asumimos un rol que desconocíamos por completo, tomamos un compromiso que no será temporal, sino que durará toda la vida. Tomar esa posta implica algunas renuncias o postergaciones, pues alguien acaba de convertirse en el centro de nuestra vida. Enfrentamos, a partir de allí, la dialéctica de si es bueno dedicarnos por tiempo completo a la tarea de ser madres o lidiar entre la vida profesional y la maternidad. Ambas elecciones son igual de válidas, pero si la opción adoptada es ser madres de tiempo completo, ¿cómo nos sentimos y cómo se nos ve desde la mirilla de la sociedad?

Quizás a lo primero a lo que nos toca enfrentarnos es a nuestros propios fantasmas. Sentimos miedos de dejar de ser nosotras mismas, pues nuestra vida da un giro inevitable de 360 grados. A este menú de temores insondables que nos persiguen se nos suma una presión social, que no deberíamos sentir, pero que es real y existe.

Alejarnos de la vida laboral, profesional, de ese escenario en el cual nos movimos siempre y que nos reconoce como la mujer que somos, implica, a veces, cargarnos de ausencias y otras de una presión. No trabajar fuera de casa nos convierte en otro tipo de mujeres que se aleja del común denominador.

Cuando las madres renuncian

Es difícil resolver la ecuación, pues el resultado siempre implica una renuncia concreta a algo. Cuando tomamos la decisión de quedarnos en casa y cuidar de nuestro bebé a tiempo completo, lo que llamamos “mamá full time”, estamos renunciando a nuestra vida profesional, a la independencia económica, ese valor tan preciado por el que muchas mujeres han luchado durante décadas. Perdemos un terreno en el cual nos desarrollábamos como profesional, el crecimiento en esa carrera que elegimos, nuestro lugar en el mundo.

Si decidimos volver al trabajo, regresar al ruedo, estamos asumiendo que no estaremos con nuestro hijo la cantidad de horas que hubiésemos querido, quizás nos perdemos de sus primeras palabras, sus primeros cambios, pero es la contracara de las elecciones que hacemos en la vida, esas que de una u otra forma siempre implican una renuncia.


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