Para los que viven preocupados

Si estás leyendo esto, entonces tienes la inquietud de saber acerca de qué es la preocupación exactamente, de dónde viene, cómo funciona, etc. A continuación explicaremos un poco acerca de este concepto y cómo se expresa en nuestra vida diaria.

La palabra pre-ocupación está compuesta por pre – que significa antes- y por ocupación – que es ocuparse o hacer algo-. En la sociedad, esta palabra se ocupa para hablar de un estado de alerta, de miedo o de angustia, frente a algo que catalogamos como “malo” y que creemos que puede pasar.

Frente a esta sensación, las personas podemos tener 2 maneras de afrontarlo. En inglés uno se refiere a Fight or flight, en español es la reacción de pelea o huida, es decir, nuestro cerebro, cuando entra en estado de alerta, elige una de las dos respuestas, puede ser el quedarse a afrontar la problemática o el huir de ella. La manera en cómo reaccionemos va a depender de diversos factores, como son: nuestra estructura cerebral, lo que aprendimos acerca de cómo se resuelven los conflictos en nuestra familia, nuestras propias experiencias resolviendo problemas, entre otros.

Y tú, ¿qué haces cuando estás preocupado? A continuación te nombramos algunos de los puntos más comunes.

Morderse las uñas

Una de las conductas más frecuentes es morderse las uñas. Esto puede resultar difícil cuando se realiza en extremo. Hay personas que llegan a casi no tener uñas en sus dedos y a hacerse heridas graves en ellos.

No poder escuchar a los otros


Otra de las situaciones por las que puedes pasar es el hecho de no poder escuchar a las personas que te hablan, y no hablo de un impedimento físico, sino que hablo de que simplemente, no puedes enfocar tu atención hacia la persona. Esto sucede cuando nuestro organismo está en alerta e intenta mirar hacia todos lados, en busca de pistas que te indiquen lo que va a pasar.

Respirar agitadamente sin darse cuenta


También te puede pasar que inconscientemente, separes tus labios y respires inquieto. Es decir, alteres tu respiración por una más rápida y que sientas, a la vez, que no respiras lo suficiente.

Imaginar los peores escenarios

La mente tiene una maestría en imaginación cuando se trata de imaginar miles de escenarios, cada vez peores, sin saber cuándo ocurriría uno de estos. Para compensarte, asumiendo que el mejor escenario sucederá. O que después puedas pensar, que podría haber sido peor.

Llorar

A veces se puede presentar la necesidad de llorar, pero al mismo tiempo, puedes tender a querer permanecer con los pies en la tierra (concentrarte en lo concreto que está sucediendo) y ser paciente. Para poder responder con calma y sabiduría, a todo lo improvisado que hay en tu mente.

Culpa


Hay momentos, en los que la preocupación puede llevarte a culparte a ti mismo o a culpar a los demás por lo que sea que te esté pasando.

Siempre sentir que algo está mal o que algo falta

Si tuviste tiempo de empacar tus maletas, empezaste dos semanas antes del vuelo, pero aun así no deja de pensar en que te olvidas de algo.

Ser el primero

Esto puede tener distintos ejemplos. Algunos de ellos son: Salir con tus amigos, pero ser el primero en llegar al lugar de encuentro o tomar el tren de las 6 am, pensando que sería tarde para una reunión de las 8 am.

Siempre piensas en que puedes llegar atrasado y que esto puede ser terrible. Entonces tratas de hacer todo con demasiada anticipación, desde levantarte hasta tomar la micro. Probablemente, calculas el tiempo en que te vas a demorar en llegar al encuentro y le agregas un poco de tiempo, en caso de que te pueda pasar algún imprevisto.

Nervios al presentar información de forma oral


Las situaciones en donde tienes que hablar en público te ponen nervioso, hasta el punto de no poder presentar información relevante sobre tu trabajo a quién necesites, incluyendo a tu jefe. Tal vez, en la época de colegio y universidad, tendías a evitar estas circunstancias o no las hacías, simplemente.

Deudas

Pensar que debes una deuda a todos los que te ayudaron, pero tú los habías ayudado primero. Al mismo tiempo, probablemente hagas todo lo posible por no tener deudas, la sensación de deberle a alguien es algo que prefieres impedir a toda costa.

Inseguridades con las amistades


Sentir malestar cuando tu amigo de largo tiempo no te habla más. Tal vez, repasas en tu cabeza todo lo que pudo haber salido mal en los encuentros pasados y buscas detalles para poder averiguar lo que le pudo haber molestado. Cuando tu amigo quizás simplemente ha estado ocupado y probablemente, no ha tenido tiempo de llamarte.

Expectativas


Te preocupas por no poder cumplir con tus estándares altos, acerca de cómo debes ser, de cómo debes comportarte y de cómo debiese ser tu vida en este punto, según tu edad; O te preocupas por no cumplir cualquier tipo de expectativa que tenías sobre ti mismo; Por los proyectos que no sabes si vas a poder cumplir; entre otros.

Te molesta el hecho de no poder cumplir con las expectativas que tienen los demás sobre ti. También te cuesta el tener que romper tu imagen habitual, se te dificulta el hecho de que los demás vean que eres de carne y hueso y que tienes ciertas vulnerabilidades, como todos. Pero tú no querías que éstas fueran evidentes.

Tomar decisiones


Tal vez, se te dificulte un poco el terreno al tener que decidir, entre: correr riesgos versus no hacer nada al respecto. Te da miedo el tomar decisiones con respecto a ciertos conflictos, porque temes equivocarte.

Hacerte preguntas


Tiendes a preguntarte continuamente qué pasaría si oras, sin ver resultados; Si nadas en el mar sin un chaleco salvavidas; Si caminas las montañas sin engranajes; Si te pierdes en el bosque sin un mapa; Si esperas el día sin ver el sol; entre otros.

¿Con cuántos de estos puntos te sentiste identificado? Si te identificaste con más de tres tópicos, deberías vigilar tus reacciones ante los disparadores, reconocerlos y aprender a manejarlos, porque como dice la frase: “Si, tus males tienen remedio, ¿Para que te preocupas?”


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