Para aquellos que pretenden pasar por encima a los demás, humillar no te hace más fuerte te hace miserable

Como la historia de David y Goliat, en que el pequeño niño David enfrenta al soberbio gigante, la coraza de fortaleza puede derrumbarse frente a la autoestima y la confianza que el otro guarde dentro de si mismo.

Quien humilla a otros no se convierte en emblema de fortaleza sino, en la peor de las vilezas. Probablemente, en el interior de esa persona áspera habita un Goliat de barro lleno de inseguridades, heridas abiertas e ignorancia, atrapado en un cuerpo vacío de sensibilidad.

Lo único que consigue a corto o largo plazo, es poner en evidencia sus propias carencias.

A lo largo del derrotero de nuestra vida, nos tropezamos en este camino con todo tipo de personas, algunas de ellas están dotadas de estas características. Del tipo de gente que tiene una habilidad increíble para detectar los puntos débiles de los otros, conseguir humillarlos y manipularlos.

Cuando se mal interpreta la autoridad y el poder se convierte en abuso
Aún en estos tiempos que corren, las formas de relacionamiento son siempre las mismas, aunque el escenario sea otro y el contexto esté en permanente cambio según pasan los años, las épocas, las costumbres, las vivencias.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"