Obesidad: una bomba de tiempo

La obesidad es una condición que se presenta con el transcurso del tiempo, causada por una ingesta de calorías superior a las gastadas. Debe existir un equilibrio entre unas y otras y este varía en cada persona.

La obesidad implica que se tiene un exceso de grasa en el cuerpo. Se diferencia del sobrepeso, ya que el peso es resultado de la masa muscular, los huesos, la grasa y el agua en el cuerpo, pero en ambas condiciones el peso de la persona es mayor de lo considerado saludable según su estatura.

Entre los factores que pueden incidir en el peso y en la existencia de grasa corporal, se pueden citar la constitución genética, la cantidad de comida ingerida, los alimentos ricos en grasas que se incluyen en la dieta y la falta de actividad física.

Sufrir de obesidad puede desencadenar varias enfermedades, algunas de ellas muy graves, que disminuyen notablemente la calidad de vida de la persona, siendo potencialmente incapacitantes o mortales.

Viviendo en peligro

La obesidad es un problema multifactorial y es un riesgo de salud a nivel mundial. ya que disminuye la calidad de vida de quien la padece, así como su productividad y su relacionamiento social y afectivo.

Las estadísticas son realmente preocupantes: según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en América Latina y el Caribe el sobrepeso y la obesidad han experimentado un gran aumento, con un impacto mayor en las mujeres y una tendencia al alza en niños y niñas, de forma que cerca del 58 % de los habitantes de la región vive con sobrepeso (360 millones de personas). O sea, que en estas regiones 6 de cada 10 personas experimentan problemas con la balanza.

Como ya se mencionó, la obesidad afecta en mayor medida a uno de los sexos: de hecho, en muchos países el porcentaje de mujeres afectadas por los kilos de más supera en un 10% al de los hombres.

También influyen los factores socioeconómicos. En algunos países desarrollados, la prevalencia de la obesidad es más del doble entre las mujeres de nivel socioeconómico bajo que entre las de nivel más alto. Esto se explicaría por la calidad de la alimentación a la que acceden, con mayor cantidad de alimentos fritos, ricos en grasas y ultraprocesados.

La obesidad genera enfermedades crónicas no transmisibles, como diabetes, hipertensión arterial, alteración de lípidos, cardiovasculares (principalmente cardiopatías y accidente cerebrovasculares), problemas respiratorios y ortopédicos, debilitando principalmente los huesos de la cadera, rodillas y tobillos. También puede afectar el área de las relaciones personales, afectivas y sociales, así como causar problemas emocionales como depresión.

Las causas que pueden llevar al organismo al aumento de peso son varias, entre ellas:

· Trastornos hormonales

· Trastornos nerviosos

· Problemas Metabólicos

· Dieta mal equilibrada

· También influyen el estrés, la ansiedad y el sedentarismo.

Números


La obesidad es diagnosticada con el índice de masa corporal (IMC), que establece una relación entre el peso corporal y la estatura: se calcula dividiendo el peso de la persona en kilogramos por el cuadrado de su estatura en metros.

Aunque se establece una excepción con las personas excesivamente musculosas, en líneas generales el resultado se evalúa con una escala: si se registra un IMC de 25 a 29,9, significa que la persona está con sobrepeso. Si la cifra es igual o mayor a 30, la persona se encuentra en grado de obesidad.

Se distingue también la obesidad central de la global.

La obesidad central tienen que ver con la medida de la cintura. Se considera que la padecen las mujeres con medida de cintura mayor a 88 cm. y hombres con un número superior a 102 cm. Es la de mayor riesgo, porque se relaciona con el depósito de grasa en los órganos internos y la persona con este tipo de obesidad tiene más posibilidades de sufrir infartos, muerte súbita y diabetes, así que la simple medición de la cintura puede ser un índice valioso.

La Obesidad global afecta a todo el cuerpo y afecta en el aspecto psicológico y en el social. Se relaciona con infertilidad, artrosis y aumenta las posibilidades de sufrir algún tipo de cáncer.

Cuando no se lleva una alimentación saludable y equilibrada, se acumula grasa corporal y esto incide en el metabolismo, haciendo que se vuelva más lento, propiciando y facilitando un aumento de peso.

Qué hacer

Queda claro que todos estamos en riesgo de caer en el sobrepeso y la obesidad, pero no debemos quedarnos de brazos cruzados ante una amenaza tan presente.

Los expertos en salud afirman que la obesidad es prevenible. Es fundamental un cambio en el estilo de vida, adoptando hábitos saludables, implementando una alimentación sana y equilibrada que incluya el consumo diario de frutas y verduras, con todos los grupos de alimentos.

Es importantísimo evitar el sedentarismo, con la práctica de deportes, ejercicios físicos y/o caminatas periódicas.

El día debe comenzar con un desayuno que incluya fruta, cereales integrales y proteínas, como las aportadas por los lácteos ( leche, yogur, queso); así se asegura también la ingesta de vitaminas A,D, E, Calcio y fósforo.

Aunque siempre es importante consultar con un nutricionista para elaborar un plan personalizado de alimentación, es posible distinguir unas pautas fundamentales.

· Elegir alimentos saludables. altos en proteína y bajos en azúcar.

· No saltarse comidas: es un error bastante común y cometido por muchísimas personas, quienes, para bajar de peso, deciden eliminar una de las comidas fundamentales del día. Al hacer esto, se ralentiza el metabolismo, dificultando la pérdida de peso.

· Desayunar siempre es una máxima, es imprescindible para comenzar el día con energía.

· La actividad física es imprescindible en una estrategia de pérdida de peso. De acuerdo a la edad y a las características personales, hay determinados ejercicios recomendados. Para un adulto, la realización de una caminata diaria de treinta minutos diarios puede marcar una gran diferencia.

· Es necesario descansar en forma adecuada: dormir 8 horas diarias es lo recomendado en forma referencial.

Consulta con tu médico para realizar las correcciones necesarias.


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