¿Nosotras siempre tenemos la razón?

Aunque siempre quisiéramos ser las dueñas de la verdad y la defendemos hasta las últimas consecuencias, la condición de ser humano nos asume vulnerables, imperfectas, nos equivocamos, pero nos resulta muy difícil reconocer que hemos perdido, que no en todo tenemos razón. Sin embargo, ciertas situaciones nos dan la pauta de que aún inmersas en las limitaciones humanas, las mujeres nunca nos equivocamos en ciertos momentos y también con ciertas cuestiones en particular. Aunque para nosotras sea un desafío reconocer que podemos perder, en estos aspectos jamás erraríamos.

Ellos no son buenos administradores

El punto de la economía es algo que por lo general siempre está en manos de la mujer. Si se encuentran conviviendo, lo más probable es sea ella quien lleve las riendas de las finanzas en común. Si su relación aún no ha llegado a dar ese paso, ella seguramente le ha reprochado a su compañero los movimientos bruscos que hace con su dinero. Un detalle que en líneas generales las mujeres cuidamos y tenemos mucho más en cuenta que los hombres. No es que no se den cuenta de que incurren en gastos superfluos e innecesarios, lo que sucede es que no saben cómo resolverlo por el camino de la practicidad. Pueden llevar una excelente administración de una empresa, pero a la hora de pensar en su propio bolsillo, solo acuden al impulso.

El buen gusto no es lo mejor de ellos

Los hombres con buen gusto, que entiendan de estética tanto en ellos como en el ambiente en el que viven son muy escasos. La gran mayoría no cuida los detalles al vestirse, aunque notemos que se viste bien para ciertas ocasiones especiales, en general no saben combinar los pantalones con las camisas y los zapatos. Pueden tranquilamente ponerse una remera con diseños junto con un pantalón que no sea liso. Ni que decir de los colores, algunos hombres recurren a los colores oscuros que son los más comunes y prácticos.

En materia de decoración, podemos estar seguras de que no les preocupa cómo arreglar su casa. De cortinas, de muebles y colores de las paredes no saben demasiado. Se conforman con lo simple y si está bien decorado o no, es algo que les tiene sin cuidado. Es que para ellos importan muchas otras cosas que dedicarles un tiempo a esos menesteres les resulta una pérdida de tiempo. Pero sobre mujeres, el gusto parece no fallarles.

Cuando otras mujeres lo miran

La intuición femenina pocas veces falla. Quizás se acercaron juntos a la caja del comercio al cual fueron de compras y la cajera lo observó bastante o le sonrió de más. Las mujeres somos más rápidas para percatarnos cuando otra mujer entra en el rol de conquista y sobre todo si ha puesto los ojos en nuestro compañero. Nosotras somos detallistas y nos fijamos en todo: gestos, miradas, expresiones, movimientos. Somos grandes intérpretes de las connotaciones de otras mujeres. Ellos pueden ni darse cuenta, pero si le dices a tu chico que eso ocurrió no le quedará más remedio que aceptarlo porque de seguro, eso no fue solo idea tuya.

El hombre al volante

Ya es una cuestión cultural lo de creer que las mujeres son un peligro cuando manejan. Sin embargo, son mucho más cuidadosas que ellos. Los hombres no tienen problema para acelerar, para adelantarse, se enervan más fácilmente ante cualquier circunstancia del tránsito, el tráfico los pone locos. Las mujeres en tal sentido se manejan con más serenidad al volante. Esta suele ser una razón que a ellos les cuesta reconocer. Si bien es cierto que no se puede generalizar, es algo que se da con demasiada frecuencia.

No quieren enfrentar los problemas

A ellos les cuesta trabajo comunicarse, aunque lo estén necesitando. Ellos esperan que sea la mujer la que dé el primer paso. No van a hablar, el tiempo puede pasar y aquel conflicto que tienen se quedará atorado en la garganta, pero no tienen el valor de enfrentar la situación, solo se dispondrán a esperar que lo haga ella primero. La predisposición de los hombres para resolver los conflictos es muy baja, prefieren esperar la reacción de la otra parte. Se trata de una responsabilidad que asumir y por lo general, es la mujer quien lo hace, es ella la que lo invita a poner todas las cartas sobre la mesa y abre el juego.

Ellos pueden comer de más

Las mujeres saben que ellos pueden acabarse su plato, pedir otro y también continuar con lo que ellas ya no quieran comer. Es una cuestión de orden físico. En materia de alimentación la capacidad masculina excede a la femenina y eso es algo que ellos no pueden discutir.

Las demostraciones de afecto

Quizás no sea tan cierto que las mujeres sean más sensibles que los hombres, pues ellos también tienen su lado sensible, aunque no todos tienen la capacidad de asumirlo sin problemas. Es mentira que los hombres no lloran, ellos también lloran, pues es una forma de liberarse de lo que aprisiona. La mujer, es la que no tiene problema en exteriorizar sus sentimientos, en demostrarlos, en llorar si es que desea hacerlo. Son ellas las que más tienen esa sensibilidad a flor de piel, ellas lloran con el final triste de una película, mientras ellos sienten que esa actitud está muy lejana.

El dilema de quién de los dos tiene la razón, es un añejo tema, una ecuación que se resuelve de manera diferente en cada situación. A la hora de sacar las cuentas, podrás estar segura de que en estos aspectos la razón está de tu lado.


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