No es bueno que te conformes con algo que no te hace feliz por mucho tiempo, lo aprendí a la mala.

Una de las búsquedas más intensas del ser humano y uno de los misterios que despierta todo tipo de incógnitas, es la búsqueda de la felicidad, eso que interpretamos como aquello que nos proporciona bienestar. Nos pasamos la vida entera corriendo detrás de ella, por caminos erróneos, a veces, atravesando pruebas, aciertos y desaciertos. Lo cierto es que el instinto de supervivencia que tenemos nos conduce en esa exploración incesante. Sin embargo, muchas veces por miedo nos quedamos varados donde nos sentimos seguros, aunque no estemos conformes con ello. Correr el riesgo, empezar de nuevo, cerrar puertas, nos genera un velo de temor que muchas veces nos impide continuar. Tú decides si quieres quedarte en tu zona de confort o continuar la búsqueda hasta encontrar la verdadera felicidad.

Poco a poco

Cuando somos niños, nuestra búsqueda de la felicidad es mucho más simple, no pretendemos grandes hazañas, ni lejanas metas. Esperamos la hora de ir a la escuela para ver a nuestros compañeros, aguardamos con ansias la fecha de nuestro cumpleaños porque es allí donde recibiremos los regalos que tanto queríamos. Vamos cambiando con los años y nuestras ambiciones y sueños maduran, se transforman y luchamos por alcanzar lo que nos proponemos, pero a veces, nos faltan esas mismas garras que tuvimos de niños, cuando nada nos impedía echar a volar las alas y soñar, pelear hasta conseguir lo que queríamos. Ante la complejidad de la vida, nos encogemos de hombros. Soñar como niño, pero luchar por ello con madurez sería el camino correcto para llegar a lograr lo que tato buscamos.

Camino hacia las metas

Un recorrido que no suele ser simple y quizás implique atravesar mucho lodo, ripio, polvo y una infinidad de trabas y contratiempos que se pueden presentar. No podemos saber que tan largo y difícil será nuestro recorrido. La meta puede estar muy lejos y hay que saber ser lo suficientemente paciente para llegar tranquilo y soportar lo que pueda pasar en el largo trayecto.

Para enfrentar lo adverso del itinerario hay que aprender a ser fuerte, a tener confianza en uno mismo, a tener seguridad y certeza de lo que se está haciendo, pero también, hay que saber enfrentar los fracasos. Empezar de nuevo, replantear el objetivo o buscar otro camino. Todo puede suceder, lo importante es creer en el aprendizaje continuo de las experiencias de vida que nos llevan hacia donde queremos ir y nos indican el camino, aunque tengamos que sortear los peores obstáculos, caernos y levantarnos muchas veces. Si hemos desarrollado esa autoestima necesaria para avanzar, nada nos puede impedir seguir soñando.

El amor y el desamor: dos caras de una misma moneda

En la búsqueda del verdadero amor podemos encontrarnos muchas veces con los fracasos, mirarnos y pensar que él nunca ha de golpear nuestras puertas. Sin embargo, debemos comprender que ninguna experiencia puede pasar por nuestra vida sin dejar alguna huella de la que podamos aprender algo. La vida entera es una prueba de ensayo y errores. De los errores se aprende, de las experiencias amorosas que nos rasgaron el alma, también.

Aprende a tomar de las malas experiencias solo aquello que te ha enseñado. Puede que hayas entendido el mundo de una manera distinta, que en tu próxima relación verás las cosas de una manera diferente, que los golpes de las decepciones los superes más fácilmente o que recuerdes que no debes tomar cierta actitud porque no te ha dado buenos resultados.

Los miedos que nos superan y la zona de confort

Uno de los errores que cometemos con frecuencia es acostumbrarnos a ciertas situaciones que, si bien no son saludables y en medio de ello nos hemos dado cuenta de que algo no está funcionando bien, preferimos quedarnos allí. Si la relación de pareja está con problemas y ese conflicto se incrusta en lo cotidiano formando parte de esa vida en común, pareciera que la costumbre nos gana por cansancio y preferimos quedarnos allí. A veces sucede por temor a lo que pueda pasar, a quedarnos solas o simplemente por no atrevernos a continuar la búsqueda hacia la felicidad.

Salir de la zona de confort implica un riesgo. En el riesgo siempre está la ganancia. Ten presente que quien no arriesga nunca sabe que hay detrás de esa vida que puede cambiar. No importa cuantas veces tengas que volver a comenzar, el amor, por ejemplo, puede llegar en el momento y en el lugar menos pensado. De atreverse a hacer un alto en el camino y reiniciar la búsqueda se trata la vida entera.

Ser conformista y no intentar romper el esquema predeterminado que nos acostumbra a quedarnos tiesos en nuestra zona de confort no nos permite crecer y mucho menos, darnos la oportunidad de aprender a ser felices.

Solo algo muy simple nos hace falta para aprender a recorrer el sendero de nuestra hazaña inmensa hacia la felicidad: confianza. Confía en ti y aprende de cada tropiezo que no es caída, solo te enseña a prestar atención para dar el siguiente paso. Entiende, sobre todo, que la felicidad no es un punto de partida ni un simple punto de llegada. Allí cuando te sientas conforme con la persona que eres, con la profesión que elegiste o con la relación que tienes, entonces habrás comprendido que esa sensación de bienestar, de seguridad en el afecto, eso es felicidad, esa que se edifica todos los días.


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