No eras demasiado para él; Nunca fue suficiente para ti.

Siempre sentiste que eras demasiado para él, con tu corazón animado y tu risa vibrante, tu mente reflexiva y tu emoción a flor de piel.

Él, a quien le gustaba mantener las cosas simples, sin complicaciones. Nada serio, nada profundo, nada complejo. Nada que lo haga pensar o sentir.

Temerosa de asustarlo y de que se marche, hiciste lo que siempre haces.

Te hiciste menos.Te hiciste pequeña

Pieza a pieza, arrancaste las partes de ti que pensabas que serían más de lo que él podría manejar. Las colocaste entre las páginas del libro de ilusiones hechas jirones que guardas, el que esconde todas las partes de ti misma que has temido mostrar al mundo

Te hiciste más manejable, más apetecible, más fácil de manejar. Porque si esto es lo que le llevaría aceptarte, desearte, quizás algún día incluso te ame, entonces lo harías. Valdría la pena, por él.

Durante mucho tiempo fingiste ser feliz. Tal vez a veces incluso pensaste que lo eras. Pero a veces esas partes arrancadas te llaman, y tu cuerpo ansia recuperarlas, estar completa otra vez. No, les dijiste. Eres demasiado, solo lo asustarás, mientras presionas las páginas una vez más.

Intentaste convencerte a ti misma de que podrías sobrevivir de esta manera, como una silueta, sin sustancia, sin alma. Pero estabas vacía, vacía, desperdiciada. Sin peso, luchaste por sostenerte por más tiempo. Necesitabas esas partes de ti misma de vuelta, las que te mantenían juntas, las que te hacían completa.

Y así, una pieza a la vez, comenzaste a restaurarte. Lentamente, en silencio. Tal vez él no lo notaría. O tal vez si lo hiciera, de alguna manera aprendería a amar esas partes extra de ti.


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