No digas “SÍ” cuando quieras decir “NO”

El ser humano es social y prácticamente podemos decir que somos lo que somos únicamente en sociedad.

Esto no significa que vivir en sociedad sea fácil. Por el contrario, es necesario ceñirse a ciertas normas y sacrificar nuestros instintos más primarios. Significa además, desarrollar y potenciar ciertas habilidades y conductas para poder interactuar con nuestros semejantes.

Esta interacción con los demás puede tomar formas negativas o positivas. Entre las negativas, la dominación, el temor y el engaño; entre las positivas, la solidaridad y el amor.

Necesidad

Mayoritariamente los seres humanos queremos agradar a los demás. Nuestra necesidad primaria es ser aceptados y para ello, deseamos “caer bien” a nuestros semejantes.

Sin embargo, puede haber problemas cuando intentamos agradar a todos: muchas veces terminamos por dejar de agradarnos a nosotros mismos.

¿Cuántas veces dijiste “SÍ” a los otros, diciéndote NO a ti mismo? ¿Cuántas veces dejaste de lado lo que realmente querías, tus deseos y fuiste contra tus sentimientos, solo para dejar satisfecho a alguien?

Posiblemente hayas hecho esto muchas veces en tu vida. La línea entre “ceder” saludablemente y “ceder” en demasía ante los demás es muy difusa y poco clara, pero cuando se atraviesa, puede ser muy peligroso.

A veces nos cuesta mantener nuestra postura cuando tenemos que decir NO. Nuestra voz puede temblar, al igual que nuestra mano o nuestras piernas y evitamos mirar a la otra persona. Nos sentimos absolutamente incapaces de negarnos a algo, a pesar de saber que las consecuencias serán negativas para nosotros.

Es necesario ser muy claro en este punto: aprender a proteger lo que realmente sentimos es esencial para nuestro desarrollo personal y para nuestro bienestar,

Decir NO a otra persona, reconocer un desacuerdo y que se tiene una opinión contraria, es una habilidad que se puede desarrollar, no estamos condenados a decir siempre SÍ. Si lo hacemos, podemos condenarnos a una eterna infelicidad y a estar siempre insatisfechos y enojados con nosotros mismos, lo que puede llevar a una enorme frustración por no hacer valer nuestras opiniones.

Cuando tenemos una confrontación con otra persona, debemos evitar ser sumisos y sacrificar lo que sentimos o “pasarle por encima” a los demás para imponer lo que queremos.

Pensamientos ajenos

En la relación con los demás, muchas veces surgen diferencias más o menos importantes que te harán tomar una difícil decisión: decir SÍ para agradar a la otra persona o decir NO para estar de acuerdo con nosotros mismos.

Es necesario encontrar el equilibrio entre la complacencia y la autenticidad. No se trata de dejar de lado la amabilidad o imponerse agresivamente, lo importante es deshacerse de esa cortesía que mostramos y que nos hace decir que todo va bien cuando no es verdad, que algo nos entusiasma cuando realmente lo detestamos o que todo en el trabajo funciona muy bien cuando el estrés, la tensión y la frustración son cosa de todos los días.

A ser auténtico y obrar de acuerdo a lo que sentimos se aprende más fácilmente desde la infancia: cuanto más escuchado es un niño, más natural será, pero si sus deseos, opiniones y necesidades son ignoradas, comienza a simular para lograr encajar con los demás.

Sin embargo, es algo que puede hacerse a cualquier edad. Se debe practicar el principio de la congruencia, que dicta que lo que pienso, lo que digo, lo que hago, lo que muestro debe ir en el mismo sentido. Eso supone aprender a decir “NO”, a negarse a lo que digan los otros, a oponerse y a contradecir la voluntad ajena. Es más cómodo decir siempre “SÍ”, porque esa palabra siempre es bien recibida, pero es una conducta que trae consecuencias negativas.

En varios ámbitos

El “NO” es “feo”, incómodo, genera contrariedad y problemas, pero saber decirlo tiene indudables beneficios y debe hacerse en todos los ámbitos de la vida.

En el trabajo, ser auténtico significa dejar de aparentar cosas, no fingir que se puede con todo y asentir a todas las peticiones de los jefes o compañeros, dejando de simular que se está de acuerdo con cada decisión que se toma.

En las relaciones sociales, ir siempre tras la aprobación ajena puede sonar encierra el riesgo de vivir enfocado en los otros. Disimulamos lo que nos sucede para ganarnos el reconocimiento de los otros, integrarnos o estar más cómodos y para eso dejamos de mostrarnos como somos.

En el plano de la pareja también se dan situaciones similares. Complacer permanentemente a la otra persona en todo, por encima de nuestros propios deseos, no nos lleva a ser mejores novias o esposas: solo acaba convirtiéndonos en alguien diferente, que niega su sentir más íntimo.

Cómo actuar

Terminar con la actitud de decir “SÍ” a todo requiere trabajo, como todo cambio de actitud. Estas son algunas cosas a tener en cuenta

– Tómate tu tiempo para responder, aunque lo primero que quieras hacer sea responder rápidamente. Ya sea que un amigo te pida dinero, un compañero de trabajo te pida que lo cubras un domingo o un familiar quiera dejarte a sus hijos el fin de semana, no tienes por qué responder enseguida, si lo piensas bien podrás evaluar bien las consecuencias de tu respuesta. A veces aceptamos porque damos una respuesta inmediata, pero no es necesario. Di que lo pensarás y valora tranquilamente los pro y los contras de tu decisión.

– No te culpes, tienes derecho a decirle a tu pareja que prefieres estar sola y con sus amigos. Mentir no es necesario ni tampoco dar explicaciones: simplemente di “NO” sin sentirte culpable por ello.

– Muestra una alternativa a lo que te proponen. Quizás el problema no es que no quieras hacer algo, sino que no puedes ahora. Di “no quiero ir al cine hoy, pero el fin de semana sería fantástico”, si es lo que realmente quieres.

– Prepárate mentalmente, la respuesta negativa es un hábito que puede formarse. Repite frases como: “Qué pena, no podré ir en esta oportunidad”, “Tengo muchas cosas para hacer hoy mismo, pero quizás la próxima semana”, “Gracias por pensar en mí, pero pienso que no soy la persona adecuada para ello”. A fuerza de repetirlas, las harás tuyas y te saldrán naturalmente en el momento adecuado.

– No mientas ni busques excusas rebuscadas: un “no, gracias” seguido de un silencio puede ser muy efectivo. Aunque puede resultarte incómodo la primera vez, la práctica te hará mejorar en este aspecto.

Aprende a escucharte y respeta tus propios sentimientos: es la única manera de no auto recriminarte posteriormente y evitar malos momentos.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"