Soy mujer, soy mamá, esposa. Soy fuerte y me amo!!!

No hay que ser demasiado observadores para darse cuenta de que mujeres y hombres tenemos una constitución física muy diferente. Aparte de lo que se puede apreciar a simple vista, el cuerpo femenino y el masculino tienen una serie de características a nivel genético y hormonal que amplían considerablemente estas diferencias.

Sin embargo, la tan extendida creencia de que las mujeres son menos fuertes que los hombres no tiene nada que ver con estas cuestiones. Es una de tantas manifestaciones del machismo expresada a través de una supuesta superioridad física del género masculino que no se sustenta en ninguna base científica y ahora vamos a ver por qué.

No es cuestión de género sino de voluntad

Los argumentos que defienden la teoría de que la mujer es más débil que el hombre como consecuencia de su complexión física y muscular son muy rebatibles.

En tan solo diez puntos podemos desmontar este mito que nos ha acompañado durante muchos siglos y que, por fortuna, los antropólogos empiezan a desmentir ahora en base a la obviedad de los hechos.

Habilidades genéticas.

Los hombres tienen una complexión más voluminosa y es cierto que su musculatura es, en términos medios, más grande que la de la mujer. ¿Implica esto que las mujeres sean más débiles que los hombres? En absoluto. Ambos géneros tienen las mismas habilidades genéticas para desarrollar su fuerza, de igual modo que podemos desarrollar el equilibrio, la coordinación o las aptitudes intelectuales.

Es cierto que la testosterona, una hormona exclusivamente masculina, es la que facilita un mayor desarrollo de los músculos. Pero también es cierto que la musculatura se puede desarrollar mediante el ejercicio diario, por lo que la mujer no está en una posición de inferioridad.

La fortaleza no solo está en el físico.

Muchas personas confunden la fortaleza con la fuerza física, pero no se trata de una condición tan exclusiva. De hecho, hay muchas maneras de demostrar la resistencia o el potencial de una persona. Una de ellas es el control de la mente.

En este sentido, existe en la mujer una mayor predisposición a lidiar con las situaciones complejas, a mantenerse firme y a dirigir con mayor entereza que los hombres los momentos de riesgo, de dolor o de dificultades. Es un tipo de fortaleza mental y emocional que en la mayoría de los casos resulta más útil que la fuerza física.

La importancia de la adaptación.

En un entorno cambiante como este en el que vivimos, adaptarse forma parte del proceso de evolución. Experimentamos cambios cada día sin que apenas seamos conscientes de ello. A veces son solo pequeñas modificaciones en nuestras rutinas, pero en otras ocasiones implican un trastorno más profundo en nuestro estilo de vida.

Un cambio de domicilio, la pérdida de un ser querido, las exigencias de una nueva dieta, el inicio de un reto profesional… Las mujeres son más flexibles ante los cambios y en esa capacidad de rápida adaptación también está su fortaleza.

Longevidad.

Estadísticamente está demostrado que la vida media de una mujer es superior a la de los hombres. Basta con analizar el índice de mortalidad en países desarrollados como Estados Unidos para comprobar que de cada 10 personas que sobreviven a los 100 años de edad, 8 son mujeres.

Pero además, no se trata solo de una cuestión de números. Las mujeres no solo viven de media más años que los hombres sino que lo hacen en condiciones más saludables.

El doble cromosoma X.

La genética también juega del bando de la mujer en otros aspectos. Durante años se ha estudiado el motivo por el que en prácticamente todas las especies animales las hembras son más longevas que los machos y se ha llegado a la hipótesis de que se trata del cromosoma XX.

Este doble cromosoma que es seña de identidad femenina es el que permite a las mujeres tener una mayor resistencia frente a las infecciones y los traumas, entre otras muchas patologías.

Salud cardíaca.

El corazón no engaña y la ciencia ha demostrado que la mujer tiene mejores condiciones cardíacas a lo largo de toda su vida. Del mismo modo que la falta de testosterona en el cuerpo femenino implica hacer un mayor esfuerzo para desarrollar la musculatura, la presencia de estrógenos (hormonas exclusivamente femeninas) hace que la mujer goce de una mejor salud cardíaca.

Los análisis científicos más recientes atribuyen a esta hormona el aumento del colesterol bueno y la reducción del malo, lo que supone una garantía de protección frente a las afecciones cardíacas más comunes.

Las reinas de la concepción.

¿Podría un hombre sobrellevar con tanta entereza los dolores menstruales? ¿Sería capaz de soportar un parto? Cada mes la mujer experimenta una serie de cambios hormonales que exigen por su parte mucha resistencia y con mayor o menor éxito todas superan esa prueba de fuerza impuesta por la naturaleza.

La mayor manifestación de este aguante viene a la hora del parto. Un proceso sin duda traumático desde el punto de vista emocional y doloroso en el plano físico que las mujeres sobrellevan con mucha naturalidad.

Fuertes antes del nacimiento.

Antes incluso del parto existen indicios de que la mujer presenta una fortaleza superior a la del hombre. ¿Sabías que las cifras de aborto involuntario son notablemente menores en el caso de los fetos femeninos? Las mujeres conciben más fetos masculinos que femeninos, sin embargo, la diferencia es apenas perceptible en el número de partos en tanto que se producen más abortos involuntarios del género masculino que del femenino.

La cultura del esfuerzo.

En un mundo predominantemente machista,  la mujer ha necesitado emplear más voluntad, más ingenio y más esfuerzo para conseguir una posición de igualdad frente al hombre. Esta imparable carrera por la conquista de sus derechos es un claro ejemplo de fortaleza y de resistencia a lo largo del tiempo. En este sentido podría decirse que el hombre no ha ocupado una posición protagonista a lo largo de la historia precisamente por su fortaleza sino por el hecho de que ha tenido que hacer muchos menos esfuerzos para alcanzar las metas que se ha propuesto.

En base a estos 10 puntos podemos deducir que la mujer no solo no es más débil que los hombres sino que en muchos aspectos de la vida es incluso más fuerte que estos. La capacidad de planificación, la flexibilidad a la hora de adaptarse a las nuevas circunstancias, la resistencia física y mental frente a las adversidades o la entereza con la que soportan el dolor son características muy femeninas que echan por tierra el concepto de mujer florero.

Desde la época de las cavernas hasta la actualidad, las mujeres se han caracterizado por ser unas luchadoras natas. Ha sido la división de roles, los ideales de feminidad y belleza y los estigmas históricos y sociales los que han hecho que se extienda la idea de una supuesta inferioridad frente al género masculino, pero ha llegado la hora de romper con esas falsas creencias.


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