Mujeres: al poder, pero sin odio

Mucha agua ha corrido y mucha correrá aún, en el complejo tema de la igualdad entre hombres y mujeres.

Parece lejos el tiempo en el que la mujer era un simple apéndice del hombre y su función se relegaba a estar en el hogar, así como los casos en los que sus méritos eran negados por el simple hecho de ser ella y no él.

Sin embargo, la desigualdad sigue presente en casi todos los órdenes de la vida. En la meca del cine, Hollywood, un gran grupo de actrices de primer nivel denunció que siempre ganan menos que sus pares masculinos, a pesar que su nombre puede tener más brillo. El mismo reclamo se ha realizado en el mundo del tenis, donde las estrellas femeninas tienen premios menos suculentos que los tenistas hombres.

En el mercado de trabajo común, normalmente una mujer percibe menos salario que un hombre que realiza la misma función y es notoria la diferencia numérica al ocupar los cargos públicos y la postulación en elecciones. No son pocos los casos en los que, luego de llegar a un puesto de privilegio, reciben acosos y maltratos.

Muchas mujeres sostienen que es necesario tomar el poder y para ello, han optado por el camino del odio al hombre.

Soledad y poder

Esta situación de ser secundaria e infravalorada a nivel social y político, también se vive en el campo de las relaciones personales y por supuesto, de pareja.

La mujer que no tiene una relación estable, ya sea por elección o porque no la ha encontrado, experimenta una fuerte presión social: ¿para cuándo el novio?¿Y los hijos?¿No te parece que ya es tiempo de establecerte? Parece que es imposible que una mujer pueda enfrentar una vida sin un hombre a su lado.

A la sociedad le cuesta asumir que muchas mujeres no quieren tener una pareja o que, en algunos casos, es una meta posterior a su deseo de realizarse en el campo profesional o laboral. Es más complicado aún en el caso de las que no desean tener hijos, ya que se entiende la maternidad como la máxima expresión de una mujer.

El tema puede ser tanto o más difícil para la que ha tenido una relación, pero esta ha terminado. En muchos casos, la “reinserción” en la sociedad puede dificultarse desde su nueva posición, luego de definirse por un tiempo, sea este el que fuere, en una pareja.

A nivel personal, puede ser un momento de incertidumbre, especialmente si el noviazgo o el matrimonio del que ha salido fue largo. Hay que reacomodar la economía, la vivienda, los estudios o el trabajo. Después de mucho tiempo, en algún momento comprenderá que tiene, ella sola y desde su soledad, poder de decisión sobre su propia vida y sobre sus actividades. Debe  redescubrir todas las posibilidades que tiene ahora, luego de haber estado en una relación que eventualmente la restringía en ciertas actividades o proyectos personales.

Este camino sería el ideal, pero a veces se opta por otro: odiar al hombre que la ha llevado a su situación actual y en ocasiones, ese sentimiento se vuelca hacia la totalidad de los hombres.

Esta es una actitud errada, porque lo que está haciendo realmente es definirse otra vez en relación a un hombre ( o en relación a los hombres ) y no en relación a sí misma y a su propia situación. Es una situación de falso empoderamiento, en el que la mujer tiene fuerza, pero solo en lucha con otro.

Esta situación es más común, por supuesto cuando la ruptura de la relación se produjo por una infidelidad del hombre. En numerosos casos, la mujer deposita la culpa únicamente en su pareja  y sobre la base del odio y la ira resultantes, define su situación actual. Esta nueva situación la hace sentir “fuerte” y con un objetivo, pero la inmoviliza en esa situación y le impide avanzar. Se redefine desde una posición de “contra” a algo, pero no en “pos” de algo y se inmoviliza en esa lucha desgastante, pero poco productiva y que además, produce malestar.

Autoafirmación

La mujer que está sola, por convicción personal o porque las circunstancias la han llevado a ello, atraviesa varios problemas para definir su rol. Necesita encontrar su puesto en la sociedad y que no se la defina en relación a un hombre (o la ausencia de él), trabajo que debe comenzar necesariamente por ella misma.

Una táctica equivocada es intentar hacerlo desde el odio al hombre: jamás un impulso negativo tan fuerte podrá generar algo tan positivo como la construcción de una identidad, asumiendo su propia relevancia personal.

Para lograr una posición independiente, valiosa, la mujer debe partir desde su posición de importancia individual, asumiendo su propia situación y buscando la igualdad que está consagrada en el derecho y en las leyes.

En cuanto a sus relaciones personales, debe evitar caer en las generalizaciones del tipo “todos son iguales”: de hecho, la búsqueda de pareja o de una amistad debe basarse en el conocimiento pleno de la persona actual y no en el prejuicio o en la existencia de malas experiencias. Estas deben servir como un backup de conocimiento, que permitirá detectar las situaciones negativas pero valorar y encontrar las positivas.

Si estás en una situación de soledad y no te sientes dueña de tu propia vida, empantanada en una situación de odio hacia tu expareja o hacia los hombres en general,  debes tomar el poder de ti misma y de tu destino, pero desde una actitud positiva. De hecho, no tengas en cuenta a tu expareja, él ya no forma parte de tu vida.

Indaga en tu interior, asume tus debilidades para superarlas y afírmate en tus fortalezas. Analiza tus experiencias fallidas en el campo sentimental, asume tu cuota de responsabilidad si de tu parte has hecho algo mal.

Deja de lado la idea de que los hombres (o “ese hombre”) son los culpables de todos tus males y entiende que estás en una situación única de ponerte al mando de tu propia vida y de tus circunstancias.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"