Mientras tú estás convencido que me engañas, yo finjo que te creo

Si bien es una verdad innegable, que existen mentirosos que se destacan por tejer una meticulosa red de engaños y mentiras, hasta al punto de que a pesar de que tienes tus sospechas, no les puedes contabilizar nada en “tu lista de mentiras descubiertas”, porque calculan sus mentiras con una precisión matemática pero también es verdad que, en muchísimas oportunidades, nuestra intuición, esa poderosa fuerza aliada, nos indica cuándo alguien nos está mintiendo.

¿Por qué sentimos que nos mienten?

En ciertas ocasiones, más allá de la misma intuición, que es de inmensa ayuda, resulta que de manera inconsciente tu mente ya ha elaborado todo un expediente repleto de información donde con solo atar cabos te darás cuenta de todos los detalles contradictorios y sospechosos, ya no habrá dudas en tu mente, esa persona te está mintiendo, queda saber el por qué, todo esto mientras con un terrible cinismo, el mentiroso cree que nos ve a la cara, va narrando sus mentiras, como si nada, como quien cuenta que ha cenado anoche, en ese momento, de pronto, se nos proyecta en la mente todo aquello que en el fondo ya sabíamos y vemos como aquel, en el que una vez creímos y depositamos nuestra confianza, se sigue hundiendo y hundiendo ante nuestros ojos, y en silencio los dejamos hacer, para ver hasta qué punto son capaces de llegar.

¿Por qué mienten?

Normalmente, sucede que dicha la primera mentira, ya no les resulta fácil, desdecirse o “rescatar” a tiempo una mentira, por lo general, las mentiras tienen el efecto de bola de nieve o de árbol ramificándose, en esa dinámica de una mentira se pasa a otra y a otra y a otra más y sin intención de descubrirse el mentiroso, sigue, explora aquellos caminos de la ingenuidad, los de la bondad e inocencia de su interlocutor, cuando descubrimos que el mentiroso ya se encuentra en este punto, hablamos ya de un mentiroso patológico, que encuentra placer en mentir, más allá de lograr sus objetivos.

¿Hay que confrontarlos siempre?

En muchas ocasiones por fines estratégicos, ya sean de índole personal o profesional, podemos fingir no conocer la verdad, aparentar ser absolutamente crédulos y mirar oscilando entre el asombro y la frialdad qué tan lejos puede llegar esa persona con sus mentiras, en paralelo evalúas como actuar, y repiensas todas tus interacciones con esa persona, normalmente descubrirás muchas más cosas y harás conexiones entre hechos aparentemente no relacionados en absoluto, buscando a su vez el momento más adecuado para desenmascararlo (si así lo has decidido) o simplemente permitiendo que él solo se retire y se ubique allí en el mismísimo fondo de la fosa que él mismo ha creado, evitándote malos ratos e incluso la posibilidad de volver a ser víctima de nuevos engaños, el mentiroso en general no cambia, por supuesto habrá excepciones, pero es más seguro asumir que seguirán mintiendo hasta que los hechos te prueben lo contrario.


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