Mi hijo no quiere estudiar ni trabajar, ¿qué hago?

Todos los que somos padres de hijos en edad escolar hemos atravesado, o estamos atravesando, esta complicada situación en la que nuestros hijos, pequeños tesoros, se niegan a “sentarse a estudiar”, como decían nuestras abuelas. Se resisten tal cual soldados en trincheras a estudiar las tablas de multiplicación de memoria; ni le mencionemos las capitales y los países del mundo, y mucho menos aprenderse las fechas y los lugares de las batallas por la independencia que tan gloriosamente han librado en su historia todos los países.

Causas de que el niño no quiera estudiar

Problemas emocionales:

En este caso, puede ser desde estar tristes o tener miedo porque están viviendo una situación de acoso escolar o tener conflictos que no pueden solucionar con un determinado profesor o sus amigos hace que sea una causa probable de que lo último en lo que piense sea en centrarse en sus estudios.

Dificultades de aprendizaje:


Algunos estudiantes pueden tener más problemas que el resto de sus compañeros en aprender o retener cierta información con rapidez y seguir el ritmo de la clase. Se pueden producir por ejemplo porque no tiene una atención adecuada durante períodos prolongados de tiempo y en ese caso, conforme más información tenga que retener, más le va a costar concentrarse o puede tener problemas en comprender la información… Hay muchas dificultades y la única forma en la que vas a ser capaz de resolver tus dudas, será que vayas a un especialista dónde pueda evaluarlo.

Falta de autonomía y organización:

El estudio es el área que se va a ver más afectada si eres un padre sobreprotector y tu hijo está acostumbrado a hacer las cosas contigo y que tú le digas cómo y cuando debe ponerse a estudiar. Puesto que estudiar es una actividad que requiere de una gran planificación, esfuerzo e independencia. Por ello, si está acostumbrado a que tú hagas esas funciones, cuando vaya creciendo no querrá estudiar si no es contigo.

Baja autoestima:


No todas las asignaturas nos gustan tanto ni obtenemos los mismos resultados con el mismo esfuerzo. En esos momentos, la frustración y nuestras limitaciones aparecen y con ello las inseguridades de tu hijo. ¿Quién quiere hacer asignaturas que le recuerdan que no es bueno?

Pero no hay que desesperarse. Casi todo en esta tierra tiene solución, y aquí te brindamos algunos consejos para que los niños estudien, sin que te odie por ello.

Televisión: uso, pero no abuso


Primero, limita el uso de esa maldita cajita boba, llamada televisión. ¿Cómo? Simple, no compartas la cena mirando televisión y selecciona los programas y los horarios que tu hijo puede ver sus programas favoritos. Tampoco permitas que haga sus deberes mirando su programa de televisión preferido; su atención sólo puede centrarse en una sola cosa.

Estimular la lectura


Incentívale el gusto por la lectura, eligiendo libros que puedan compartir su lectura en familia. Siempre insistiré que la lectura de libros es un puente maravilloso al conocimiento, hacia la imaginación y hacia la buena expresión y la ortografía.

Rutinas, siempre rutinas

Establece una hora, siempre la misma de lunes a viernes, para que tu hijo se dedique a sus deberes, así como existe la rutina de la comida y del aseo personal. Esto dependerá de las necesidades de cada niño.

El lugar de estudio es importante


Siempre que tu hijo necesite un lugar para estudiar, búscale un lugar silencioso y cómodo y que disponga de todos los materiales necesarios, en donde no sea interrumpido por los juegos de sus otros hermanos si los tuviera.

Conversar con tu hijo


A los niños siempre es conveniente explicar por qué tomamos determinadas decisiones con respecto a ellos. Esto aleja la sensación de castigo y los hace valorar las ventajas que obtendrá si comparte contigo este plan.

Muchos dicen que los niños aprenden más de los actos de los padres que de sus palabras, pensamiento que yo comparto. Por eso, mientras nuestro pequeño está concentrado en sus tareas, trata de hacer algo tranquilo también, como leer, escribir, revisar sus cuadernos de clase, etc.

Y por último, aunque no menos importante, dale a nuestro pequeño una recompensa por el esfuerzo realizado, que no siempre tiene que ser el juguete más caro; comparte con él algún momento especial o alguna actividad en la que él se sienta particularmente interesado.

Busca ayuda psicológica. Si todo lo demás no funciona o sospechas que tu hijo pueda tener un problema más profundo la mejor opción es acudir a un psicólogo que pueda asesorarle tanto a él como a vosotros. En problemas de este estilo muchas veces hay que cambiar la dinámica familiar y empezar desde el principio.


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