Mamá, debo partir, necesito crecer, es hora de dejarte

Muchas veces es muy difícil separarse de la familia en especial de la madre. Pero en algún momento de la vida es algo que va a ocurrir, lo que deben saber estas madres es que no importa lo que haga, a donde vayamos, ustedes siempre serán la base de todo. Pero es obligatorio crecer, el decirle esta frase: (es hora de que me vaya) a nuestras madres es muy complicado, puede que tarden en entender, lo cierto es que llorarán y las noches se verán incontables al ver el nido vacío, seguramente llamarán y su voz sonará un poco cortada, dolida, guardarás un mundo de nostalgia y un nudo en la garganta, pero deberás aceptarlo mamá, es hora de partir.

Llego la hora de instruirme en muchas cosas empezando por: como dividir la ropa de colores a la hora de lavar, he de descubrir que los platos se quedan en el fregadero al día siguiente, que el olor de la bañera limpia es bueno, primordialmente cuando yo lo limpié.

Debo aprender a cocinar más allá de la pasta con salchicha, para eso el internet será de mucha ayuda. Entender que mi sueldo debe alcanzarme los 30 días del mes, que las rumbas y el tomar cerveza no son necesidades primordiales.

Tal vez me sienta solo, he de decirle a los demás “mi mamá siempre dice que…” y sentirme muy orgullo de los numerosos consejos que me ha dado en la vida y que lamentablemente no siempre valoré.

Tendré que identificar las malas amistades, algo que se encargaba de hacer mi mamá, aprender hacer fuerte y callarme ese insulto que mi jefe se merecía, pero me inculcaste que un profesional serio no se descontrola tan fácilmente.

Crear mis propios ritos de sábado por la tarde, los cuales antes eran cocinar pasteles y bailar locamente en la cocina a tu lado. Acostumbrarme a quitarme el pijama los domingos, hacer la comida, realizar la cena y no simplemente estar acostada leyendo un libro mientras esperaba que tú hicieras todo por mí.

Será muy triste ver esa película increíble sin compañía y no tener a nadie con quién pueda llorar tímidamente conmigo, sentir esa falta del abrazo que era la fortaleza que necesitaba en un mal día, y la sinceridad que me enseñaba a ser un ser humano mejor todos los días.


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