Los abuelos nunca se van solo se hacen invisibles y viven siempre en nuestro corazón

Un conocido dicho reza lo siguiente: ¨Los padres los crían y los abuelos los malcrían¨. Pues mucho de cierto hay en esta frase que dice tanto con tan pocas palabras. Los abuelos son quienes crían ya sin esa responsabilidad y obligación sobre la educación y el bienestar de los hijos que deben tener los padres. Los abuelos tienen una vida hecha, un camino recorrido que los hace sabios, grandes conocedores de la vida, por lo que tienen mucho para dar. Cuidan, aman y enseñan con más calma y más tiempo. Son ellos los herederos de las historias y anécdotas que hacen a la tradición familiar y que dejan huellas en esa tercera generación. No cabe duda de la importancia que tienen en la vida de los nietos y te contamos por qué.

Ellos ocupan todos los lugares

Los abuelos están en todo. Para quienes tienen aún el privilegio de contar con sus abuelos sabrán que, en materia de las multitareas con los chicos mientras los padres trabajan, ellos son expertos. Los abuelos puede retirarlos del colegio, darles el almuerzo, llevarlos a la consulta médica o bien, poner en práctica alguna receta casera que tengan guardada de esa tradición familiar de la que son parte. Todos estos detalles, no menores, hacen que sus huellas se vayan marcando en la vida de los nietos.

Los nietos, el sitial privilegiado es de ellos

Ha pasado el tiempo y mientras los hijos se volvieron adultos y prepararon sus maletas para emprender el camino y hacer sus vidas, el seno del hogar de los abuelos se convirtió en ese escenario en el que los retratos de cumpleaños, el primer día de clases, los encuentros especiales, han quedados plasmados en imágenes que han reemplazado la que dejaran los padres para revivir la historia de una crianza, pues llegó la hora de darse esos gustos que quizás con los propios hijos no han tenido tiempo. Pueden hacer todo ese tipo de cosas a lo que llamamos ¨malcriar¨ y que tanto nos hace felices.

Los padres toman conciencia de que están en la etapa madura de sus vidas, pero a la vez, no están solos en la faena diaria de llevar adelante la crianza de los hijos, nada más, pero nada menos.

Los lugares y los no lugares

Si bien es cierto que muchos no tienen en la vida la posibilidad de disfrutar de sus abuelos, sea por el motivo que fuere: porque ya fallecieron, porque viven en algún país lejano o por cualquier otro motivo; la presencia de alguien que ocupa en el corazón el lugar de un abuelo siempre llega.

Pueden se parientes mayores, amigos de nuestros padres con más edad que ellos, de cualquier forma, alguien ocupa en nuestro corazón ese lugar del abuelo consejero, alguien que acompaña o que nos espera con nuestra comida favorita. Tanto en la infancia como en edad adulta, siempre alguien ocupa ese lugar vacío, porque de alguna forma el corazón busca tácitamente ese lugar de los abuelos.

Los nietos son el reflejo de lo que es posible transmitir y heredar

Dicen que la sangre no es agua, pues todo se trasmite, desde los rasgos físicos, el carácter y las costumbres. Todo es posible ante ese efecto del paso del tiempo que prolonga la existencia de una familia en nietos y bisnietos que son fieles reflejos de un amplio árbol genealógico que se perpetúa en el tiempo.

No solo lo físico sino las tradiciones que suelen tener las grandes familias se hacen eternas en el tiempo a través de sus sucesivas generaciones. Las costumbres familiares cobran vida en cada generación que, gracias a los abuelos, las va repitiendo y reproduciendo con los mismos sentimientos de afecto.

Ellos miran con otros ojos

Los ojos de los abuelos, ven con otra perspectiva distinta a la del común denominador de la gente. Ellos pueden ver desde su experiencia todo aquello que los nietos no pueden reconocer a simple vista. La sabiduría que ellos traen, hace que sus miradas alcancen distancias insospechadas. Pues sí, ellos lo saben todo.

Esos ojos mágicos que ellos tienen son capaces de viajar en el tiempo y traer a una agradable sobremesa las más ricas historias y anécdotas de la infancia que forman parte de ese material que fue construyendo tu propia historia. Ellos recuerdan con los ojos, opinan con los ojos y pueden pensar a través de ellos para darte lo mejor de sí mismos.


Los abuelos y la felicidad

Si por felicidad entendemos esa sensación de bienestar general que nos hace sentir cómodos con la vida que tenemos, los abuelos también forman parte integral de eso que llamamos felicidad, si nos han acompañado en esos momentos especiales de la vida con los cuales fuimos forjando nuestro camino.

Los abuelos siempre están para sus nietos, son ese refugio permanente que nos brinda esa tranquilidad y esa paz que genera nuestra felicidad.

Podemos concluir que los abuelos son eternos

Los abuelos tienen vida eterna. No mueren, sino que, por el contrario, se perpetúan en sus enseñanzas, en sus historias, en sus dichos, en esas anécdotas que nos toca vivir con los abuelos. Las personas que han tenido el privilegio de contar con sus abuelos desde pequeños, saben que ellos aún después de la desaparición física, permanecen en ese andamiaje de recuerdos que se moviliza en cada circunstancia especial de la vida.

Ellos viven en cada experiencia que nos dejan, en cada silencio que se llena con sus palabras de aliento, en cada batalla en que seguramente en medio de la contienda habrá algo de ellos que nos empujará por la senda de las buenas decisiones.

Los lazos de amor genuino no se rompen jamás, ni tan siquiera con las barreras que nos impone la desaparición física, pues la llama encendida que permanece en el corazón de un nieto que pudo disfrutar de sus abuelos es aquella que no se apagará jamás.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"