Lo que NO (y lo que SÍ) debe hacer una mujer casada

4 Es tu marido, no tu hijo, así que no lo trates como tal. No tienes que servirle ni cuidarlo como su mamá. Tu esposo es una persona independiente y capaz, así que mucha cosas podrá hacer por sí mismo. Busquen la manera de dividirse las tareas del hogar (una buena medida es, por ejemplo, que cada quien se haga cargo de arreglar sus propias prendas y dividirse los días y las tareas de la cocina). Llevar un hogar no es tarea fácil, si se hace entre dos es más liviano y además genera vínculos sólidos en la pareja.

5 La pareja es cosa de dos, no de tres o más. Si permites que tu mamá o la de él se entrometan (o quizás otros familiares o amigos) estás abriendo las puertas de tu casa para que todo el mundo se meta en la pareja. Es muy importante lo que piensen tus padres o familiares cercanos (y los de él) pero si esto influye directamente en tu relación de pareja acabarás por crear tensiones y problemas entre tú y tu esposo. Las decisiones de la pareja deben ser tomadas en la pareja.

6 No descuides nunca tu apariencia personal, tanto por consideración hacia ti misma como hacia tu pareja. Procura ser siempre la mujer hermosa de la que él se enamoró y de ser posible, más aún. Además, una buena imagen personal y que tú estés contenta con lo que ves, alimenta tu autoestima y te sentirás más fuerte, lo que repercutirá positivamente en tu matrimonio.

7 No dejen nunca de hablar. En ocasiones, la vida diaria, con su monotonía y problemas, nos va alejando de nuestra pareja y se dejan de compartir cosas importantes. No permitas que eso ocurra, traten siempre de tener al menos una comida en común ( la cena o el almuerzo) de manera de poder charlar de lo que les está ocurriendo.

8 No olvides las palabras y frases “mágicas”: decir “por favor”, “¿cómo estuvo tu día?”, “dime en qué puedo ayudarte”, “necesito tu consejo”, tiene puentes de comunicación y afecto que nunca deben dejarse de lado y más bien, deben promocionarse siempre.

9 No des nunca la relación como “hecha” y “terminada”: el matrimonio es algo que se construye día a día y cambia, así como cambian tú y él. La pareja se va modificando de acuerdo a los tiempos vitales, a la edad de los hijos, a la situación económica y laboral, a las enfermedades y contratiempos.

10 No permitas que el sexo decaiga, es un modo único y maravilloso de conexión entre las personas. Puede cambiar con la edad, pero siempre seguir siendo vital e importante en la relación. La pasión y el amor pueden cambiar su modo de presentarse, pero siempre estar allí.

11 No dejes de hablar de los problemas. A veces pensamos que barrerlos “bajo la alfombra” es la mejor solución, pero realmente de esa manera quedan latentes e incluso pueden crecer y hacerse insalvables. Si hay algo que te molesta, aunque sea muy pequeño, es mejor que se lo digas para poder solucionarlo a tiempo. Así también tú debes estar receptiva a escuchar aquellas cosas que le incomodan de ti. De esa manera, tendrán las cosas más claras e incluso la pareja saldrá fortalecida.

12 Hablen de dinero, aunque suene poco romántico. Una gran parte de las parejas tienen problemas porque no han sabido hablar del tema económico y cuando lo han hecho, es porque estaban en un gran problema. Más allá de lo afectivo, el matrimonio es una sociedad en la que hay bienes de los dos y corresponde que ambos tomen las decisiones en conjunto, especialmente cuando se trata de gastos grandes y significativos. Establezcan un presupuesto y un plan de inversiones y gastos en los que ambos estén de acuerdo, revísenlo regularmente para corregir los puntos que sea necesario.

La gran clave de un matrimonio saludable y feliz es la comunicación: si ella existe, todo es solucionable.


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