Lo que Dios reserva para cada uno, ni la envidia, ni el destino, ni la suerte lo cambia

“A lo que amas dale libertad, si regresa a ti es tuyo, si no regresa nunca lo fue”. Cuando alguien a quien le dimos todo y le entregamos el corazón en las manos, se va de nuestra vida, el sentimiento de pérdida pareciera no tener punto final. Caer en el abismo de la desilusión nos enceguece de tal manera que no nos sentimos capaces de reaccionar y nos vamos cuesta abajo sin hacer nada por apoyar los pies sobre la tierra.

Sin embargo, si entendiéramos que las cosas que nos pasan en la vida construyen nuestra experiencia de vida, que si alguien que amamos profundamente se va, es porque la vida nos tiene preparado otro camino, pues lo mejor siempre es lo que está por venir. Es difícil hacer las maletas y retirarnos de los lugares en los que ya no somos felices, nos gana el dolor y eso que hace que nos empecinemos en tratar de encontrar respuestas que no existen pensando en lo que hubiera sido. Ni el azar ni la envidia cambiarán lo que está destinado para ti.

La experiencia propia es la madre de todos los aprendizajes.

La vida siempre es nuestra escuela

Una frase que puede sonarte trillada, pero que, sin embargo, es portadora de una gran verdad. Cuando tenemos el corazón destrozado somos incapaces de buscar la luz al final del túnel. Le tenemos miedo a esa caja de Pandora que debemos abrir, ese horizonte que aún nos aguarda mientras nosotros nos flagelamos cargándonos de culpas que no tenemos. El resultado de la ecuación es mucho más simple que complejo, pues si esto te está pasando, no es en vano, siempre es para que aprendas algo que te será útil, una enseñanza que te acompañará el resto de tu vida. De las experiencias malas como de las buenas nos queda algo que ha de enseñarnos a interpretar el mundo de otra manera, algo que nos nutre y enriquece. Las personas que salen de nuestra vida dejan huellas, pero está en nosotros la capacidad de reconocer a ciencia cierta el motivo por el cual ese alguien pasó por nuestra vida, para hacer de esas huellas un aprendizaje que lejos de lastimarnos nos regenere.

Lo que debe ser para ti, siempre será tuyo

Pueden pasar por nuestra vida, situaciones, lugares, personas muy amadas, todo puede cambiar de un día para otro, pero aquello que está escrito en tu destino que sea para ti, lo será, nadie te lo puede arrebatar. Sucede que a veces, damos muchas vueltas al mundo y esa redondez nos marea de tanto caminar y gastarnos las suelas de nuestros zapatos ya viejos y cansados del viaje. Pero al final de ese derrotero el indicado para ti, llegará.


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