Las buenas personas te generan felicidad y aprendizaje.

De alguna manera, podemos decir que la historia de nuestro paso por la vida es el relato de las relaciones que vamos forjando con los demás.
Somos seres sociales y únicamente en sociedad podemos expresarnos y desarrollarnos como seres humanos.

A medida que avanzamos en la vida, compartimos nuestro camino con una gran cantidad de personas. Si esta relación es más extensa, podemos conocerlas en profundidad, quedando en nuestro corazón el dulce afecto que nos generan, o, por el contrario, las cicatrices que nos dejan por una mala acción de su parte. Entendemos a las personas y crecemos nosotros, ya sea por por la vía del amor o por la vía del sufrimiento y la decepción.

Aprendizaje

En líneas generales, no podemos a primera vista realizar una evaluación objetiva de alguien que no conocemos, salvo que sus intenciones sean muy claras desde un principio. Es necesario que el tiempo transcurra y que se dé una interacción para que una persona pueda mostrarnos lo que realmente es.
Hay algo que es muy claro: ninguno de nosotros somos totalmente buenos o totalmente malos. Todos tenemos un lado oscuro y no tan agradable, que reacciona de forma egoísta, sin importar si las acciones o decisiones puedan dañar a alguien.


Todos podemos alimentar una parte de nosotros, ya sea la buena o la mala. Si queremos que predomine la bondad, trabajaremos en las cualidades que nos llevan a ser bondadosos y vivir en armonía con quienes nos rodean.

También debemos reconocer y de alguna manera aceptar nuestros rasgos oscuros, ya que al aceptarlos podremos trabajarlos en nuestro beneficio y en el de los demás.

Cualquier persona puede hacerse importante para nosotros por lo bueno o por lo malo: a través de la bondad se logran efectos deseados y positivos, porque el crecimiento se forja desde el amor, la empatía, la consideración y el respeto hacia los demás y la búsqueda consciente del bienestar general.

A través de la maldad, la otra persona toma importancia por los agravios, las emociones negativas, el dolor. Esa persona cumple también una importante función: nos enseña algo que nos ayudará a crecer, perdonar, aceptar lo que ha pasado. Las peores experiencias nos sirven si las concientizamos, así nos dejarán un gran aprendizaje que nos ayudará, adicionalmente, a no volver a estar en una situación similar.

Todo en la vida puede resultar muy útil: en última instancia, los malos momentos que enfrentamos ante personas que nos causan daño nos sirven para entender que nadie es perfecto, que todos cometemos errores y que al priorizar desmedidamente lo personal y particular sobre lo colectivo, podemos tomar decisiones desacertadas o que afecten a alguien.

Reconocimiento

Aunque muchas veces no podemos controlar con qué clase de persona nos vamos a encontrar, es fundamental aprender a reconocerlas para potenciar la interacción con aquellas que nos aportarán algo positivo. Estas son las buenas personas, que nos ayudarán por la vía del amor y el respeto. Disfrutan cuando ven que los demás están bien y aunque en algún momento pueden experimentar sentimientos condicionados por el miedo, (por ejemplo, la envidia, basada en el miedo a que el otro sea mejor), los aceptan, pero no dejan que determinen sus acciones, manejándolos sin pisotear ni dejar de lado al otro. Estas personas confían en los demás y se fijan siempre en sus partes buenas, porque saben que todos las tenemos. Están siempre dispuestos a ayudar al otro, apoyarle cuando lo necesita, aunque deban cambiar sus propios planes o les cause alguna incomodidad.

También te cruzarás en tu vida con muchas malas personas, que repiten una y otra vez sus conductas cargados de negatividad hacia los demás, conviertiéndolos en sus víctimas. Esas personas son incapaces de razonar y están convencidos de tener siempre la razón. Cuando se equivocan, buscan un culpable para cargarlo con sus faltas o errores. Pueden ser muy sarcásticas e hirientes, insolentes, dados a hacer bromas pesadas y groseras, pero no a admitirlas contra ellas. Tienen actitudes como insultos, contacto físico no solicitado, amenazas, intimidación verbal o física y suelen avergonzar públicamente a los demás y en otras ocasiones, anularlos como si fueran invisibles: los interrumpen groseramente y buscan humillarlos por todos los medios posibles, redes sociales incluidas.
Hacia el futuro

A lo largo de nuestra vida nos relacionaremos con muchísimas personas, ya sea en el ámbito laboral, comercial, social, político, familiar, personal o de pareja.

Piensa en cada una de las personas que tienes a tu alrededor. ¿Qué predomina en ellas: la bondad o la maldad? Tu mundo exterior es un reflejo de tu mundo interior y si ves la bondad, es algo maravilloso, porque significa que miras con los ojos de la tolerancia y entiendes que todos hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos.

Si en tu entorno predomina la maldad, evalúa honestamente con qué cristal estás viendo al mundo, qué esperas de los demás pero fundamentalmente qué estás dando tú. Toma las medidas necesarias para “limpiar” tu entorno, aunque signifique tomar duras medidas como alejarte o alejar de ti a quienes consideres nocivos.

La vida debe ser un constante crecimiento y una búsqueda permanente del bienestar personal y de los demás.

Acércate a las buenas personas, aprende de ellas, comparte con ellas tus sueños y proyectos. En lo posible evita a las malas personas y mantén siempre la calma ante ellas. Si no puedes hacerlo, aléjate lo más posible de ellas, sé indiferente a sus acciones, no entres en el campo de la confrontación con ellas porque saldrás perjudicado y probablemente, con altas dosis de estrés. Si te es imposible evitarlos, no tomes nunca sus ataques o lo que digan como algo personal, ten en cuenta que solo reflejan su oscuro mundo interior.

Intenta tú por todos los medios ser una buena persona, que no significa ser perfecto, satisfacer siempre a todo el mundo o entregarse indiscriminadamente, ya que habrá personas que no te respeten y que no lo merezcan. En el largo camino del aprendizaje, tan importante como decir “SÍ” es aprender a decir “NO” a aquellas personas y situaciones que te dañan y evitan tu desarrollo personal o seguir en armonía con tus convicciones más profundas.


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