La noción del mundo comienza en casa: pelear con los hermanos te enseña a vivir en sociedad

Cuando tenemos más de un hijo, desde el primer momento buscamos la mejor manera de inculcarle ese amor fraternal que se deben tener los hermanos. Les decimos que deben cuidarse, protegerse, respetarse, amarse profundamente. No es que no lo vayan a hacer, pero es que existe la tendencia natural a rivalizar con los hermanos. El motivo puede ser diverso: un juguete, una travesura que uno no quiere contar o la eterna disputa por el cariño de los padres a la que nunca podemos eludir. Lo cierto es que las peleas entre hermanos siempre están presentes, pero sin embargo, estudios afirman que no son negativas, inciden favorablemente en el desarrollo de los niños y te contamos cómo.

De amor y enfado

Tener hermanos nos pone siempre ante la dialéctica de un amor profundo y eterno que sabemos que durará toda la vida y una suerte de celos de ese afecto mutuo y del afecto que ambos reciben de la familia y de los padres en particular. Este amor los hace enojar, pelear, disputar, pero jamás se dejarán de amar.

Sin embargo, los adultos tendemos a preocuparnos por las peleas de los hermanos e incluso intervenimos continuamente en sus riñas. Lo que debemos entender es que son ellos quienes deben resolver sus problemas. Ellos están aprendiendo desde su pequeño mundo a defenderse, a adquirir habilidades mentales, a relacionarse y desenvolverse socialmente, a madurar. Ellos desarrollan sus capacidades mientras crecen y aprenden a partir de esa experiencia familiar.

Esto está comprobado mediante un estudio realizado en la Universidad de Cambridge.

Es por ello que la intervención de los padres debe ser mínima, pues ellos están aprendiendo de eso que parece insignificante y hasta molesto. Los padres no deben ir más allá de una mera moción de orden cuando todo parece desbordarse, de lo contrario estaremos toando esas armas que ponemos en sus manos cuando le enseñamos a conducirse en la vida y le inculcamos valores. Solo debemos enseñarles a manejarlas, pero jamás a gatillar de ellas.

Las peleas son más que una diversión: enseñan

Una prueba palpable de ello es la actitud que los niños aprenden y adquieren frente a ciertos conflictos que les entretienen, pero también aprenden a ser capaces de trabajar en obtener lo que desean de los padres. Utilizan una innata diplomacia, reconocen el carácter de sus padres y lo manejan con una diplomacia sorprendente, pues buscan su aprobación en lo que hacen o desean conseguir. La Psicóloga Linda Blair, expresa que estas peleas entre hermanos significan un entretenimiento perfecto para ellos”. Así mismo, se constituye en un motivo importante para aprender a llegar a cualquiera sea el objetivo que se propongan en la vida.


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