La mejor venganza es vivir bien

La mejor venganza es la que no se lleva a cabo. El mejor desquite es sonreírle al odio, sofocar la rabia y demostrar al otro que podemos ser felices. Porque no hay mejor estrategia que la de actuar con calma y sabiduría siguiendo adelante, con la mirada firme y el corazón descansado sabiendo que hay pesos que no conviene llevar con uno mismo demasiado tiempo.

Decía Confucio con gran acierto que antes de iniciar el viaje de la venganza debemos cavar dos tumbas. La nuestra y la de nuestro adversario. La filosofía siempre nos ha proporcionado marcos de referencia desde los que reflexionar sobre el acto de la venganza y las consecuencias morales vinculadas a esta práctica tan popular y a la vez “atractiva”.Utilizamos este último término, el de la atracción, por un hecho muy concreto.

Estamos ante un tipo de comportamiento humano que siempre nos ha llamado la atención, no podemos negarlo. De hecho, algo que saben bien los escritores y productores de cine es que la venganza nos fascina sobremanera. No falta quien dice aquello de que es casi como un medicamento: recetado en pequeñas dosis alivia, pero consumido en altas cantidades puede matarnos.

La venganza nos atrae e incluso en ocasiones hasta llegamos a justificarla. Sin embargo ¿qué procesos psicológicos existen detrás de este acto? La venganza, es un deseo muy humano.


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