¡La decepción no mata, fortalece! ¡Es hacia adelante que la vida va!

Puede incluso parecer que es el fin del mundo, porque la decepción es un cuchillo afilado que nos hiere irreparablemente. La sensación es que un agujero se formó en el alma, profundo y doloroso.

Es común decir que “lo que no nos mata, nos fortalece”. Y se puede aplicar aquí en este contexto. Las decepciones, aunque sean muy duras de ser encaradas, no matan.

Traen sufrimientos, sí, nadie habrá de manifestarse en contrario. Es difícil aceptar que algo o alguien tan importante para nosotros no es exactamente lo que esperábamos que fuera.

Es un disgusto difícil de digerir. Es como si la vida venía ofreciéndonos algo envuelto en un papel vistoso y cuando lo desprendemos, llenos de expectación y brillo en los ojos, percibimos que el envoltorio era interesante, pero el contenido no tanto. ¿Qué voluntad de que nos trague la tierra, no?

Si la decepción es amorosa, el corazón en pedazos promete no caer en eso otra vez y pide un tiempo para recuperarse. Si ocurre en la vida profesional, necesitamos levantarnos de la ráfaga cuanto antes, aunque esté con las rodillas desolladas por la caída repentina.


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