La cruda realidad de muchas mujeres que cumplen el papel de “la otra”

En estos días, muy temprano, en la estación del metro escuché una conversación entre dos mujeres que me dejó pensando todo el día. Una de ellas contaba de su relación con un hombre casado; veía el rostro sin expresión de su compañera al escuchar el relato de su amiga, ésta seguía contando sus vivencias sin el más mínimo remordimiento.

Llego el metro y me fui pensando: ¿Que aspira una mujer al compartir o relacionarse sentimentalmente con un hombre casado? Y no necesariamente tiene que ser casado, puede tener un compromiso y como hombre al fin, pensara que mejor si las juega de Don Juan antes de casarse. De cualquier forma, a mi modo de ver las cosas ninguna mujer puede esperar mucho de un hombre comprometido. Y no creo ser la única en pensar así, porque recuerdo la cara de su amiga, sin expresión alguna, que estará de acuerdo conmigo.

Ahora bien, colocándome en los zapatos de esa mujer. ¿Qué puedo esperar?

-Nuestros encuentros solo serán cuando él tenga la oportunidad de un escape de su relación formal

-¿Cuánto tiempo podré estar junto a el?

Tengo una reunión con mis compañeros de trabajo y pienso: no puede acompañarme, no nos podemos dejar ver en público y menos con los que comparto diariamente. ¿Cuánto tiempo nos veremos? No creo que me conforme con el poco tiempo que me pueda dedicar ya que entre su trabajo, amigos, familia y su relación formal, no creo que tenga el suficiente tiempo para mí; entonces, ¿estaré conforme con ese poco tiempo?

En cuanto a mi familia. ¿Estará de acuerdo con este tipo de relación? Eso será una lucha campal, criticas diariamente y a cada momento; que, si me merezco algo mejor, que no me debo conformar, que estoy destruyendo una relación, y un sinfín de reproches. En caso de que les dé a conocer la relación.


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