Increíble: tu hijo puede parecerse a tu ex y no a tu actual pareja

Hay cosas que resultan increíbles.

Imagina la siguiente situación: una mujer tiene un hijo que resulta idéntico a su expareja y no a la actual, aunque por muchos años no tuvo contacto con esa antigua relación.

“Imposible”, diremos todos.

Pues una teoría afirma que sí puede ocurrir.

Una extraña teoría


Quien puso nombre a la extraña teoría fue el biólogo alemán August Weismann y la llamó “telegonía”.

El estudioso postulaba que la descendencia de una hembra y un macho podía adquirir cualidades físicas de otro macho que se hubiera apareado con la hembra anteriormente. Suena algo descabellado, pero se descubrió que eso sí es posible y la revista Ecology Letters publicó información al respecto.

Un equipo de científicos australianos realizó un experimento con moscas. El procedimiento consistía en cruzar insectos inmaduros con machos grandes y pequeños.

Cuando todos ya eran aptos para tener descendencia, cruzaron a las hembras de nuevo y descubrieron que “a pesar de que el segundo macho engendró la descendencia, el tamaño de la progenie lo determinaba el de la anterior pareja sexual de la madre. Este hallazgo muestra que también se pueden transmitir algunos rasgos adquiridos a la descendencia de parejas posteriores de una hembra”, afirmó el líder del estudio.

La investigación da fundamento a la teoría de Weismann, ya que la “primera impregnación” tiene más probabilidades de influir en la hembra que las posteriores. Esto se explicaría porque la mosca es más joven y además, porque las posteriores serían “influidas” por las anteriores. En términos prácticos y bastante sorprendentes, significa que es posible que tus hijos se parezcan a las personas con las que tuviste intimidad antes que con el verdadero padre de tus hijos.

Explicación y consecuencias


Según la teoría de “telegonía”, los hijos de una pareja pueden parecerse a la pareja sexual anterior de la mujer.

Esto explicaría por qué los hijos de un segundo matrimonio o una segunda relación de la mujer, pueden parecerse a su expareja, mostrando características que él tenía. Por ejemplo, si tu expareja era de piel clara y ni tú ni tu actual pareja la tienen, existe la posibilidad que tus hijos nazcan con piel clara y ojos verdes, cuando ninguno de sus padres los tiene. Podría darse incluso que sus hermanos tengan las características de sus padres, por lo que serían bastante diferentes entre ellos.

El experimento de las moscas podría funcionar de igual manera en los seres humanos. El ARN de los espermatozoides tiene la capacidad de alcanzar óvulos inmaduros provocando una “infiltración” y por tanto, estar presente en un embarazo posterior, provocando movimientos genéticos que variarían la expresión de los genes del feto.

El investigador Yongsheng Liu afirma en un artículo publicado en la revista Gene que en el coito, millones de espermatozoides con ADN se depositan en el cuerpo de la hembra y los que no son utilizados en la fertilización, son absorbidos por el mismo. Si este ADN extraño se llega a incorporar en las células somáticas y los óvulos inmaduros, la descendencia podría mostrar esta influencia en su constitución genética y de ese modo proporcionar otra base para telegonía.

Otra posible explicación


La telegonía, la teoría que postula que la descendencia de una hembra y un macho puede presentar características de otro macho que se hubiese apareado con la hembra anteriormente fue, durante muchos siglos, un axioma, luego los adelantos de la genética forzaron su rechazo y ahora, en los albores del siglo XXI, puede volver a irrumpir con fuerza en el panorama científico.

Un reciente estudio reveló que el ADN de tus parejas sexuales se queda impregnado en el cuerpo de la mujer por años. La investigación descubrió que cada pareja sexual que las mujeres tienen se convierten en parte de su vida para “siempre”, pues las mujeres analizadas eran de edad avanzada y habían almacenado ADN durante más de 50 años.

Cuando el semen entra en el cuerpo de la mujer, pasa a formar parte permanente de ella. Así, las características de estas parejas anteriores podrían perfectamente transmitirse a la descendencia de la mujer, cuando engendre hijos con parejas posteriores.

En la investigación Revisitando la telegonía: las crías heredan una característica adquirida de la previa pareja de su madre, realizada en la Universidad del Norte de Gales, señala que al menos en las frutas de la mosca, el tamaño de las crías estaba determinado por el tamaño de la primera relación de las mismas y no por el del progenitor.

Los profesores galeses produjeron moscas de diferentes tamaños alimentándolo de forma más o menos nutritiva y luego los cruzaron con las hembras que aún no habían madurado. Concluyeron que aquellas que mantuvieron su primera relación con un macho de gran tamaño dieron luz a descendientes de mayor envergadura, aunque el progenitor real de este hubiese sido una mosca pequeña.


Científicos de otras universidades muestran diferentes actitudes ante los resultados de esta investigación. Algunos proponen recurrir a otras especies como los ratones para saber si lo mismo podría pasar en los seres humanos.

Hasta ahora se pensaba que las características de los hijos se transmitían a través del macho, pero esta investigación añade un nuevo aspecto.

En las últimas décadas surgieron más evidencia de lo que se conoce como los cambios epigenéticos, que pueden transferirse a lo largo de más de dos generaciones y que están influidos por los estilos de vida o la dieta.

Telegonía: ¿del mito a la realidad?


Aristóteles, el filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia, fue el primero en sugerir que las cualidades de todos los amantes podrían transmitirse a los futuros retoños, aunque el término ”telegonía” surgió en el siglo XIX, sugerido por biólogo alemán August Weismann.

Durante muchos siglos y especialmente en la Edad Media, la creencia en la telegonía estaba ampliamente extendida y es una de las razones por las que se veía con malos ojos que alguien se juntase con una persona divorciada. Los reyes, durante mucho tiempo y para garantizar la pureza del linaje, sólo se relacionaban con vírgenes que pudiesen garantizar dicha condición.

En 1821 la teoría comenzó a ganar fuerza, cuando George Douglas mostró ante la Sociedad Real un experimento que había realizado.

Douglas quiso domesticar a un cuaga, una subespecie ya extinta de la cebra común. Para ello, cruzó un macho con una yegua marrón y más tarde, esta fue cruzada con un semental blanco. El resultado fue sorpresivo, ya que la cría de estos dos últimos presentó unas peculiares franjas negras en las patas, como el cuaga.

Algunos investigadores no descartan que el mecanismo funcione de la misma manera en mamíferos y en seres humanos, aunque no se han realizado muchas investigaciones porque por muchos años se pensó que eran simples suposiciones.


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