Hay una gran diferencia entre rendirse y saber que ya fue suficiente

Durante nuestra vida es natural que nos veamos forzados a tomar ciertas decisiones, sobre todo cuando vivimos situaciones con las que simplemente ya no podemos seguir. Una decisión así se toma cuando ya llevamos un tiempo tratando de alcanzar un objetivo y nos preguntamos si es que deberíamos continuar. Si es que estás pasando por algún momento así, te invitamos a leer las siguientes reflexiones y diferencias entre simplemente rendirse y el tener que cambiar tu camino.

Al cambiar nuestro rumbo es quizás cuando más aprendemos. A veces el cambio es tomar la opción de parar, de ya no seguir por el mismo camino y de marcharnos sin nada. Esta decisión puede ser una de las más difíciles de realizar, debido a que conlleva el aceptar que todo lo que hicimos no fue suficiente para lograr nuestro propósito y que tenemos que abandonar la lucha e irnos sin nada. Pero ¿cuándo tomamos esta decisión? Si es que estás intrigado, entonces continúa leyendo ya que esclareceremos esta duda más adelante.

Por lo general, cuando tomamos un camino, es debido a que creemos plenamente en que nos va a llevar a donde queremos estar y que en el trayecto, podremos crecer o interesarnos por el recorrido. Sin embargo, no siempre el camino y el objetivo es lo que esperábamos. Algunas veces podemos creer que el ser constante es algo que nos va a llevar a nuestras metas y no nos damos cuenta, de que en realidad estamos resistiéndonos a hacer lo que tenemos que hacer. Debido a no querer admitir que: perdimos el tiempo, que las esperanzas que teníamos en el camino no se van a cumplir, que las cosas no van a mejorar, etc. Y en algunas ocasiones sencillamente continuamos para ver hasta dónde somos capaces de llegar.

Aunque siempre hay que tener en cuenta que el tiempo que nos dura la vida es limitado y que no nos podemos pasar todo este tiempo persiguiendo un objetivo que no logramos. Tampoco la idea es que en nuestro esfuerzo se nos vaya nuestra vida y que terminemos por alejarnos de algo cada vez más placentero.

Todos hemos escuchado que “hacemos el camino al andar”, pero a veces por factores que no dependen de nosotros, no podemos crear los caminos que queríamos o simplemente nos puede pasar que existen limitaciones que no podemos cambiar y que nos impiden el paso hacia nuestros objetivos.


Ahora vamos a hablar del papel que juega el ego en todo esto. Puede ser que éste nos fuerce a seguir tratando, ya que no quiere por ningún motivo admitir la derrota. Si es que esto nos pasa, debemos saber de que nuestro ego, con la intención de probarse a sí mismo que sí puede hacerlo, nos va a intentar convencer en conjunto con nuestro corazón (algunas veces) de seguir en el camino. Si es que nos pasa que nuestro ego imita la voz de nuestro corazón, entonces nos sentimos divididos ya que la razón es a la que no le hace sentido que nosotros sigamos con nuestra esperanza tomando en cuenta todo lo que hemos intentado, que no nos ha funcionado y todo el tiempo que hemos pasado en el camino, sin conseguir lo que queríamos.

Si es que nos encontramos en la situación descrita, debemos tener claro que no tiene nada de malo parar. Tal vez si es que renunciamos muy luego a nuestro propósito entonces puede ser que nos quedemos con la duda de si en algún momento podríamos haberlo conseguido. Sin embargo, cuando ya hemos dado lo mejor de nosotros mismos, si es que ya hemos probado todo lo moralmente correcto, siempre respetando nuestra integridad, cuando ya hemos usado todos los recursos que tenemos sin obtener el resultado en particular que queríamos. Entonces es un buen momento de convencer al ego y al corazón, de dejar ir nuestro deseo y de quedar con nuestra alma tranquila sintiendo que efectivamente hicimos todo lo que podíamos y que ya ha sido suficiente pelea, teniendo en cuenta que una batalla más atentaría en contra nuestro bienestar.

Es importante entender que en este punto, ya no se trata de que nos rendimos, rendirse significa que sabiendo que había más que se pudiese hacer, elegimos no hacerlo. Sin embargo, en esta circunstancia, ya no había más camino que recorrer, no tenemos más con qué seguir insistiendo, y está bien el decidir dejar ir nuestras esperanzas, está bien que aceptemos que hay algunas cosas en la vida que no vamos a poder tener. Esto se trata de tener la actitud necesaria para decidir hasta donde podemos llegar, de poder preservar lo que nos queda en tiempo, en energía y posiblemente poder invertirlo en un proyecto más fructífero.

La frustración y el sentimiento de derrota nos marcará de una manera más extrema cuando no podemos evitar el resistirnos, cuando dejamos que los miedos se apoderen de nosotros y nos terminamos encasillando en un proyecto, sin poder salir de él.

Uno de los objetivos de este artículo es el dar directrices acerca de que hay una diferencia clara entre simplemente rendirse y el cambiar de camino, por que lo necesitamos. Y también queremos entregar el mensaje de que está bien cambiar de camino, no hay razón de sentir culpa o de sentirse menos por no haber logrado algo. Al revés, hay que estar orgulloso de todo lo que uno intentó todo, entender que uno realmente hizo todo lo posible, que ya se nos escapa de las manos y que no es nuestra culpa el abandonar un camino que ya no es fructífero para nosotros. Sino que todo lo contrario, debemos hacerlo para encontrar nuestra felicidad y nuestros propios objetivos que podamos lograr.


El aprender a decir adiós significa amarse y cuidarse. Es saber que nadie se muere por renunciar a algo que simplemente ya no te hace feliz, ya que en realidad somos un ser humano completo dentro y fuera del proyecto en cuestión, somos totalmente capaces de rehacer nuestra vida, tomar el conocimiento que ya tenemos y llevarlo a otro lugar.


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