Familias ensambladas: ¿cómo convivir con hijos que no son tuyos?

En los tiempos que corren, en el mapa de las relaciones de pareja, las familias convencionales, ya no son las únicas que cumplen ese rol esencial en la sociedad. Hoy por hoy las familias ensambladas, aquellas conformadas por parejas que traen al nuevo hogar hijos de otras relaciones, cumplen un papel distinto, aprenden a convivir y a compartir en un hogar para ellos nuevo pero que será determinante en sus vidas y en ese lugar que ocupen en la sociedad. Esa fusión de dos familias resulta en un trabajo que se debe hacer con cuidado y con amor. Te comentamos algunos puntos a tener en cuenta en la construcción de este nuevo hogar en la consecución de una convivencia armónica con hijos que no son tuyos.

La familia núcleo y ensamble familiar

Cuando una pareja que ya trae familia de otra relación se une, el hogar que edifican no es solo un hogar para dos y la futura familia que conformarán, los hijos de ambos tendrán que adaptarse a esa nueva situación. La forma de estructurarse este tipo de familias compuestas es muy diferente a las tradicionales.

No es fácil, pues los niños se enfrentan a una situación que no les es común, aceptar que una persona extraña forme parte de su día a día, mueve toda su estructura emocional, pues la emotividad en los niños es algo que está en permanente desarrollo. Tampoco es sencillo para la pareja que debe asumir y sobrellevar esas circunstancias.

Armarse de paciencia. Es lo único que puede sostener tu relación en esa construcción familiar que están formando. El diálogo deberá ser el pilar de esa armonía que no debe permitir que te enfrentes con nadie, tu único norte deberá ser la resolución de los conflictos.

No te desesperes, todo lleva tiempo

Ten presente que se trata de personas y no de cualquier persona, sino de niños. Estos niños cuya sensibilidad se encuentra hoy a flor de piel y tú te encuentras en la situación de tener que aprender a amarlo y a ganarte su confianza y su afecto todos los días. Afecto y confianza, pero nunca intentes entrar en las tablas de ceder a sus caprichos solo por complacerlo. Piensa que todo llevará tiempo.

Debes intentar ponerte en el lugar de ese niño que siente que su hogar se rompió y que su núcleo familiar no es el que fue ni el que él quisiera. Él debe aprender a convivir con esa nueva realidad en su vida.

Luego del primer paso de abrir el diálogo con los niños y explicarles que están formando una nueva familia y dejar las reglas claras de esas circunstancias hay que darles tiempo, ese que ellos necesiten, pues nada será fácil y deben digerir ese mundo que ahora van a enfrentar.

Ten presente que no es bueno que ellos lo descubran, tú debes decírselos, eso les generará más confianza que chocar con una realidad que pueden no entender. Lo demás será un proceso.

La aceptación y convivencia

Cuando hablamos de pautas, decimos que deben quedar en claro las normas de convivencia de la casa. Cada hogar es un mundo y este hogar será especial pues estarás integrando a dos familias que tienen formas de manejarse distintas, normas de conducta diferentes, toda la organización y la estructura familiar cambia. El día a día ya no será como antes.

Lo más importante es que, mientras se da ese proceso y ese tiempo de aceptación de los niños y ese acostumbramiento a la nueva realidad familiar, es que la pareja deje en claro las normas de convivencia y la estructura organizativa de ese hogar. Sobre todo, deben fomentar el diálogo y el respeto en pos de esa armonía que anhelan alcanzar.

Establecer límites en esta circunstancia es difícil pero sumamente necesario. Lo mejor es trabajar las normas tanto en la casa de un progenitor como del otro para que el niño no sufra las diferencias y no se le creen conflictos internos. Ocupará un rol en la nueva casa que no debe ser muy distinto de su otra familia. Ten en cuenta que ese niño hoy tiene dos casas y debe aprender a sentirse cómodo en ambos lugares.

Llevarse bien no significa que le tengas que dar todos los gustos para que te quiera y se acostumbre a ti, para ello sirven las normas de convivencia, se trata de que aprenda a quererte, pero también a respetarte. Sobre todo, hazle sentir que el afecto es mutuo.

Los problemas más comunes

Una de las situaciones más comunes en las que caemos es en querer sustituir el progenitor ausente en el hogar, por otro. Hay que entender que se debe respetar la presencia de ese padre o de esa madre que el niño ya tiene, esa persona que ocupa un lugar en su vida y que siempre será así. Trabajar en ignorar a esa imagen solo le causará daño. La pareja nueva entra en su vida para acompañarlo, como una autoridad en ese hogar al que le debe cariño y respeto, pero no sustituye al progenitor ausente.

No es muy bueno que fuerces a ese niño a que llame papá o mamá a esa persona extraña que ingresa a su vida, pues ese lugar y ese nombre ya le corresponde a otra persona muy importante. Son relaciones compatibles, pero no sustituibles.

En nombre del bienestar emocional de los niños, si el otro progenitor le genera conflictos, hay que trabajar con mucho cuidado esa formación del nuevo hogar. La idea es que el niño se vea afectado lo menos posible y los conflictos entre sus padres permanezcan ajenos a él. Hay que poner el bienestar del pequeño en primer lugar y dejar los problemas entre los padres fuera de su alcance.

Rehacer tu vida es importante para tu felicidad y tu bienestar será el bienestar de tu hijo también. Hazle sentir que te sientes feliz en ese hogar que construyes y que él también forma parte de tu vida. Es una tarea que requiere constancia, paciencia respeto y amor. No hay nada que el amor no sea capaz de lograr.


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