Eventualmente, aprendemos a regalar nuestra ausencia a quien no valora nuestra presencia

Algunas veces no nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta de que nuestra presencia en un lugar no es valorada, sino que por el contrario, resulta en incómoda y seguimos frecuentando un sitio o a algunas personas, seguimos dando de nosotros y tratando de ignorar señales que nos invitan a no volver.


Afortunadamente el tiempo es un especialista en traer verdades a la luz y en abrir los ojos de quienes estuvieron negados a ver una realidad. Puede ser que al hacerlo algo se quiebre, pero de seguro eso será mucho más fácil de reparar que el daño sostenido de estar presente donde no se es valorado.

Nadie tiene la obligación de querer a otro, de hacerle espacio en su vida, de recibirlo de buena forma en su vida, pero sin duda si percibimos que no somos apreciados en un sitio físico o emocionalmente hablando, nuestro deber es retirarnos dignamente y no exponernos a situaciones que nos llevan a menos.


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