Este es el peor karma de una amante.

No era inadecuado hacer eso. De modo que pensé en amigas y conocidas que sé que sostienen relaciones con tipos casados o con compromisos. Pero ¿cómo las abordaba? Ami, estoy escribiendo una nota sobre concubinas, ¿me dejas publicar tu historia?. Por supuesto que no.

Llamé a un amigo muy open mind y me pasó el celular de una de sus amigas más arriesgadas y extrovertidas. La llamé y, con el mayor tacto, le pregunté que si conocía a alguien que fuera la otra.

“Sí, claro. Yo soy la otra”, respondió la joven.

¡Bingo! La encontré. Le dije que la podía entrevistar por teléfono, pero ella prefirió que nos tomáramos un capuchino.

Llegó a la cita usando unas gafas oscuras, como si se ocultara de alguien. Me brindó confianza al instante y, sin tapujo alguno, comenzó confesando que desde que recuerda siempre ha sido la otra.

Hay relaciones que la han marcado más que otras. La primera fue con un tipo que conoció, luego de una fiesta, en el barrio Pie de la Popa. Shirley había tenido que lidiar, durante toda la noche, con un pretendiente que insistía en llevarla a su casa, aun cuando ella le decía que no.

Mientras discutían, pasó otro joven en un carro. Al estar desesperada por el obstinado admirador, le preguntó al extraño hombre del vehículo que si la acercaba a su casa. El joven accedió y esa misma noche compartieron cama; al día siguiente, ya eran novios; y, en unas pocas semanas, vivían juntos.


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