Errores que normalmente se cometen después de una ruptura amorosa

Cuando empezamos una relación nos sentimos atraídos por la otra persona; nos sentimos a gusto, tenemos deseos, y pensamos que esa es la persona con la que queremos pasar el resto de nuestras vidas y envejecer a su lado, pero quizá muchas veces no todo es color de rosa, pueden haber infinidad de motivos para que una ruptura se dé en el noviazgo, quizá desconfianzas, infidelidades, incompatibilidad de caracteres, maltratos verbales o físicos, intolerancias, etc., muchas veces esas rupturas se dan de común acuerdo, otras son solo por decisión de uno de los dos. Como sea, hay que ser conscientes de que terminar un noviazgo nunca es fácil para ninguno de los dos. Aquí mostramos los errores más usuales que se comenten en pleno duelo amoroso:

Dejar de comer y dormir: Recién se acaba la relación; el dolor, la angustia y el desespero por no tener al ser amado al lado se hace insoportable, tanto así que se genera un nudo en la garganta que nos impide pasar bocado, un dolor en el pecho que no nos deja respirar, y en las noches es cuando más duro es el efecto, pues es justo en medio de esa soledad nocturna donde nuestra mente empieza a maquinar, y a recordar cada momento al lado de esa persona especial y damos vueltas en la cama y solo nuestra almohada es la testigo fiel de nuestro dolor. Crece ese deseo de buscarlos, de pedirles que no terminemos, que intentemos luchar un poco más, pero en el fondo sabemos que hubieron situaciones que nos llevaron a terminar la relación.

Llorar constantemente: Ese sería el primer síntoma del duelo y claro que es necesario llorar, desahogarse, ya que las lágrimas limpian y vacían el alma, el corazón y lo hacen sentir a uno liberado de muchas cargas. Pero el error consiste en que van pasando los días y llorar se convirtió en el pan de cada día, a cada momento lloramos, en cualquier lugar, quizás por recordar momentos y lugares donde estuvimos con esa persona. ¿Es eso correcto? ¡claro que si! pero tenemos que darnos cuenta que mientras nosotros lloramos, la otra persona quizá está feliz, no por verte sufrir, sino porque tal vez volvió a encontrar el amor y su duelo es diferente al tuyo. No vale la pena morir mientras otro vive.

Recuerda que tu eres más fuerte de lo que imaginas, deja de llorar y continúa este hermoso camino de la vida, piensa en esa frase de cajón que quizás muchas veces la has leído, pero no te detuviste a reflexionar en ella, “si alguien no se quedó, luego entenderemos las razones por las que se fueron”

Incurrir en llamadas y visitas a esa persona: muchas veces puede más el dolor que la misma razón, el corazón primando sobre la mente, y terminamos buscando, o llamando, o enviando un mensaje, rogando a la otra persona que vuelva a nuestro lado, y lo único que terminamos haciendo es humillarnos ante alguien que ya tomó la decisión de irse; y en esas condiciones nos volvemos intensos y creemos que estando allí siempre para esa persona, vamos a lograr que vuelvan. Pero no, lo único que conseguimos es alejarlos más, que se sientan asfixiados y terminan por bloquearnos en todas las redes sociales. Y es aquí donde debemos poner en práctica la autoestima y el amor propio.


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